viernes, 10 de junio de 2011

La doble naturaleza del compromiso


Nuevas viviendas propuestas por el Arq. Fruto Vivas. Proyecto Integral Santa Rosa, Municipio Bolivariano Libertador Programa de Nuevas Comunidades Socialistas. Caracas. 2008.

El compromiso es un hecho. En lo social, en lo económico, sobre todo en lo político. Un compromiso que es también una pretensión que a causa de tanta deformación a que hemos estado sometidos hemos llegado a pensarla como absurda: construir en un tiempo relativamente corto todas las viviendas necesarias para que todos, absolutamente todos los ciudadanos del país puedan tener una vivienda que les permita vivir por lo menos decentemente. Una tarea descomunal para nuestra estructura social, para el ritmo de nuestro “tempo” burocrático, para nuestro nivel tradicional de ineficiencia.

Asumámoslo como un reto histórico apasionante.

Su dimensión no debe hacernos olvidar el otro aspecto, la otra cara de la gigantesca tarea. En esto la “decencia” o para decirlo con un término justamente más de uso diario, la “dignidad”, consiste en los espacios equipados indispensables, con todos los servicios comunes que están implícitos en una concepción siglo XXI de la vida urbana socialista. Hay que insistir porque en ello se juega entera la posibilidad de hacer realidad, por fin, el ideal, utopía, o llámese como se quiera, de una ciudad verdaderamente justa, igualitaria, ecológica, sustentable, alegre y portadora de futuro. El gran peligro que acecha e incumbe en lo pragmático es la visión y la práctica que la acompaña, de considerar lo cuantitativo como única medida de los avances políticos.

Contra la visión de una ciudad transformada socialmente de raíz, conspira el apuro inevitable, lo inmediato, hijo de las pequeñas peleas politiqueras, la mezquindad, la ineficiencia, el pensar corto para el hoy olvidando el mañana. A pesar de las buenas intenciones y de las promesas programáticas, no es nada raro que entre dificultades y problemas de toda índole, se termine recortando y reduciendo lo que es justamente el meollo más sensible, el núcleo más vivo de la concepción socialista de la nueva ciudad. Hacer viviendas es hacer ciudad: el asunto es perentorio.


Nuevas viviendas propuestas por el Arq. Fruto Vivas. Proyecto Integral Santa Rosa, Municipio Bolivariano Libertador Programa de Nuevas Comunidades Socialistas. Caracas. 2008.

No es utopía lejana en el horizonte la de una ciudad donde la vivienda esté siempre acompañada de las guarderías, las escuelas, las bibliotecas, los infocentros, las lavanderías, los núcleos comerciales, los servicios médicos, los espacios verdes para el ocio y el deporte. No debe serlo, so pena de botar por el precipicio de lo urgente, lo que debe ser el eje del sentido del cambio. No debe olvidarse, por ejemplo, que la ciudad compacta, modelo de lo que puede hacer frente a la crisis energética y a la crisis climática, significa poner en el primer lugar de las prioridades, junto con la educación y la salud, el transporte público, instrumento supremo de buenas y eficientes comunicaciones, síntoma y símbolo de humanidad civilizada.

Junto con la solución integral del problema cuantitativo de la vivienda deben diseñarse por lo tanto soluciones adecuadas, imaginativas, que surjan a la vez y de manera combinada del talento de los arquitectos e ingenieros y de las propuestas de los usuarios, los ciudadanos que conocen y padecen en carne propia las condiciones de la ciudad contemporánea.


Nuevas viviendas propuestas por el Arq. Fruto Vivas. Proyecto Integral Santa Rosa, Municipio Bolivariano Libertador Programa de Nuevas Comunidades Socialistas. Caracas. 2008.

Una de las múltiples vertientes del problema de la vivienda es la que concierne al papel que desempeña en él la mujer. Considerando la áspera realidad sociológica de la familia popular venezolana, en la cual predomina una madre trabajadora con varios hijos a cargo y un padre variable de presencia intermitente, hay que revolucionar el diseño de los apartamentos o de las casas para incorporar las características del equipamiento individual así como las del equipamiento común. ¿Qué sentido tiene multiplicar lavadoras y secadoras individuales, una en cada unidad, cuando se pueden perfectamente concentrar en locales comunes, tal como lo hace, muy eficientemente, la pequeña burguesía desde hace años en todos los países capitalistas desarrollados?

Al diseñar los nuevos conjuntos habitacionales, con la vista puesta en los cambios radicales de forma de vida que suponemos pertenecen a un futuro socialista (forma de vida obligatoriamente mejor que la actual, marcada a fuego por la irracionalidad y el lucro) hay que planificar e integrar los elementos funcionales (comedores comunes como opción alternativa, guarderías, sectores productivos, etc.) que permitan dar el salto a una realidad cualitativa inmensamente más humana. No hacerlo sería un grave error político y una manera de perder otra ocasión más para hacer de este país un país vivible para todos.

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