sábado, 20 de agosto de 2011

Los corredores de la Ciudad Universitaria

(1) Corredores Cubiertos, 1951-56, Ciudad Universitaria de Caracas, Venezuela. Carlos Raúl Villanueva.



por Juan Pedro Posani


Recordaba el profesor Rafael Pereira, hace unos días, en un programa radial, la importancia que tuvieron y que siguen teniendo los corredores de la Ciudad Universitaria de Caracas. Un tema extraordinario sobre el cual conviene insistir. Los que llamamos corredores pertenecen a una ilustre categoría arquitectónica y urbana que arranca nada menos que de las experiencias de la arquitectura griega. Es sobre todo en la ciudad griega, con su peculiar conformación de un régimen democrático, y por lo tanto la necesidad de diseñar espacios urbanos abiertos pero techados para uso libre de las multitudes, donde comienza la larga historia de estos corredores, llamados también, en español, soportales, galerías o pórticos y en inglés, alemán, francés e italiano, arcades, passagen, passages couverts, (famosos, aunque un tanto diferentes, los analizados por Walter Benjamin) portici, sottoportici…

La tradición de la stoa griega, que es perímetro del ágora, continúa, desde luego, en los Foros romanos y se ensambla vigorosa y densa de pueblo, mercaderes y paseantes ociosos en los soportales italianos, españoles, mexicanos, y es plenamente aplicada desde el medioevo, en ciudades como Bolonia, o Venecia.

Donde ha habido pueblo en la calle para rezar, discutir, hacer política o teatro, vender y comprar, verse con los amigos, simplemente circular de un sitio a otro, ha habido techo contra la lluvia, el Sol o la nieve: siempre grandes conectores espaciales entre plazas y espacios abiertos, parques o jardines.

(2) Pasillos El Silencio, 1944, Caracas, Venezuela. Carlos Raúl Villanueva.

Pero los corredores de Villanueva cambian desde la imagen de los soportales “coloniales” de El Silencio, -protección para el peatón y vestíbulos para acceso a los comercios- a la de los corredores de la Ciudad Universitaria. Aquí, en un contexto urbano diferente, caracterizado por el esquema corbusiano de la ville radieuse -edificaciones relativamente aisladas y autónomas dentro del verde- se convierten en conexiones entre edificio y edificio, o de espacio a espacio como por ejemplo, en el caso del más hermoso de ellos aunque no tan aprovechado por los peatones universitarios, el que va desde la entrada de la plaza Venezuela hasta la plaza del Rectorado. Un entramado variado, con esquemas estructurales didácticamente diferentes, fue creciendo para enriquecer la experiencia peatonal y a la vez para satisfacer condiciones de resguardo del Sol y de la lluvia que son esenciales en el clima tropical.

La lección de CRV es la de la atención que dedica al peatón. La palabra pasa de la raíz etimológica latina pes, pie, a designar el soldado de infantería hasta el significado moderno de transeúnte. Para el que pasea, camina, transita, con mayores o menores apuros, con urgencias de cita o de recorridos de trabajo o de estudio, el corredor es simpatía de ciudad, es consonancia de vida, es respeto y cuidado para con el ciudadano, es modelo de urbanidad, ejemplar consideración para la mejor forma democrática de desplazamiento humano, la de quien marcha a pie.

Esto es, en lo esencial, lo que quisiéramos rescatar de esa cita oportuna y elocuente del profesor Rafael Pereira, más acá de sus peregrinajes por la memoria erudita. Para la ciudad que se quiere recomponer, con el reto de que en ella podamos descubrir el rostro amable, el ambiente responsable, las funciones elementales que imponen el clima y la ecología, la estructura-imagen tipológica del corredor, que Villanueva nos enseña magistralmente, es hoy un reclamo urgente: el rescate del peatón urbano es indispensable. Hacer del corredor el eje de las comunicaciones urbanas, tendría unas consecuencias incalculables en lo beneficioso para el destino urbano que anhelamos.

(1) Tomada de: http://www.google.co.ve/ Fecha: 20-08-2011 - 12:00 p.m. 
(2) Tomada de: http://www.google.co.ve/ Fecha: 20-08-2011 - 12:15 p.m.

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