viernes, 9 de septiembre de 2011

El ser social y la arquitectura

Se cierra el ciclo del Espectáculo

(1) Nuevo Muso de Transporte Riverside, 2011, Glasgow, Escocia. Zaha Hadid.

Se regresa a la Sensatez

(2) Ayuntamiento, 1991-98, Murcia, España. Rafael Moneo.

 por Juan Pedro Posani

El ser social determina la conciencia. Una ley sociológica universal que a pesar de todas las críticas, refinamientos, observaciones complementarias, agregados y distingos, en su núcleo esencial resulta irremediablemente comprobada por la evolución histórica. Pero no sólo se trata de la conciencia individual. Las relaciones de interdependencia, por más que sean mediadas por una infinita cantidad de factores circunstanciales, pesan también en la estructura de las ciudades. En términos generales, cada sociedad se expresa y se concreta en una determinada estructura urbana. ¿Podría acaso ser de otra manera? Lo admirable es la variedad y la riqueza de matices y determinaciones locales, que con sus variaciones históricas van definiendo el material de estudio sobre el cual y con el cual llegaremos a definir situaciones, periodos, y por supuesto, causas y efectos: la ciudad concreta que nos limita, oprime o favorece.

Y dentro de la ciudad, la arquitectura. Porque, independientemente de las variables que derivan de las particularidades específicas de cada ejemplo, la arquitectura varía, cambia, evoluciona en sus planteamientos ideológicos o teóricos y en sus formas de realización, según las presiones, las exigencias, los retrasos, los impulsos, las posibilidades que ofrece cada situación histórica. Toda obra de arquitectura es resultado de un conjunto de factores entre los cuales el ser social marxiano pesa enormemente. ¿Un ejemplo? Las sociedades urbanas, “desarrolladas” y decadentes, dueñas del capital financiero contemporáneo, lograron incorporar el talento de los arquitectos en una loca carrera al derroche, al espectáculo, al atrevimiento sin otro sentido que no fuese el de provocar asombro y respeto hacia el poder económico, y a la vez, naturalmente, de re-producir ganancias fabulosas. La arquitectura-espectáculo, conjuntamente con la endogamia del star-system, han llenado las ciudades del primer mundo y de algunas islas culturales del medio oriente, de obras costosísimas y de formas excepcionales, que únicamente pueden ser construidas gracias al ingenio, justamente, de los ingenieros y a su sabiduría científica y tecnológica y a cantidades gigantescas de dólares, euros y yuanes. 

Una crónica reciente de maravillosos esperpentos ha sustituido la historia de la arquitectura moderna y de sus maestros ejemplares que estaban empeñados en hallar soluciones para un mundo asediado por demasiados conflictos pero también abierto a algunas esperanzas. Para una sociedad opulenta y cruelmente frívola y egoísta, las últimas décadas han estado signadas por una correspondiente arquitectura-espectáculo. 

Pero resulta que ahora esa sociedad tropieza, y se empantana, con una de sus peores crisis. Ésta se manifiesta en la revisión de los criterios morales, en los bandazos de sus formas de comportamiento, pero sobre todo en las angustiosas manifestaciones de su economía.

De inmediato, las repercusiones. De la apología a la libertad creativa, a la invención de la forma por la forma, se pasa casi de seguidas a la apología de la modestia, de la sobriedad, de la preocupación por el contexto y la ecología. Las palabras sustentable y sustentabilidad se repiten ahora como un mantra. Junto con los proyectos faraónicos que se quedan en la mitad de la obra a causa de la crisis, ya no está de moda imitar a las veleidades abstractas de Zaha Hadid. Un mundo en crisis ve mal continuar con el derroche. Y frente al hambre y a la penuria es mala política mostrarse indiferentes. Conclusión: las ideologías arquitectónicas y las modas que les siguen, cambian de bandera porque el ser social ha cambiado.

Vuelve entonces a considerarse críticamente la obsesión dominante con la arquitectura-objeto. Ya no se estila tanto considerar a los edificios como si fuesen objetos sin escala, sin función aparente, sin evidencias constructivas o estructurales, salidos de la pantalla del computador y realizados gracias a la magia de técnicos y de tecnologías ad hoc, en otras palabras, la moda que todavía se enseña en las universidades y que ha tenido tanto éxito en las revistas y publicaciones. 

Cabe preguntarse si esta revisión que está comenzando podrá incidir a fondo en los hábitos mentales y en las modalidades de enseñanza que han dominado en el primer mundo en las últimas décadas.

Desde la “periferia”, a quienes están acostumbrados a imitar las peripecias y los fuegos artificiales de los ricos de los países del “centro”, tal vez les cueste entender lo que está pasando. Pero van a tener que hacerlo. Mejor todavía si aprovechamos la ocasión para reflexionar sobre la posibilidad de que la arquitectura nuestra no tenga necesariamente que seguir a ciegas las corrientes dominantes, allá donde manda el capital.


(1) Tomada de: http://mugutu.com/index. Fecha: 09-09-2011 - 12:00 p.m.
(2) Tomada de: http://www.elcroquis.es/ Fecha: 09-09-2011 - 12:36 p.m.

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