miércoles, 9 de noviembre de 2011

Las críticas

por Juan Pedro Posani

Cuando el edificio sede del Musarq está ya muy cerca de terminarse, un pequeño coro de críticas. Algunas, muy pocas, bien intencionadas. Otras pocas, envenenadas por la intencionalidad y el prejuicio político. La mayoría totalmente desinformadas y avanzando juicios temerarios sin ninguna base. Vamos a repetir algunas cosas ya dichas en este mismo blog, pero que parece que no han sido leídas o que no se han querido entender, para ver si juntos aprendemos a reflexionar.

Uno: En esa parcela sobre la Ave. Bolívar, vacía por lo menos desde la formulación de la ordenanza correspondiente y la construcción de las nuevas y amplias aceras diseñadas por Carlos Gómez de Llarena, no quedaba ningún rastro de la placita que ahora se añora. Decir lo contrario es sostener una falsedad con toda intencionalidad. Es imposible “destruir” algo que no existe. El edificio del Musarq responde a esa ordenanza, en altura y ocupación, frente a la Avenida, exactamente como lo hubiera podido hacer, para ese sitio y en cualquier momento, cualquiera otra construcción destinada a cualquier otro uso legal.

Dos: El primer proyecto para esa parcela fue para la sede de una “Gran Tienda del Arte”, encomendado a la Dirección de Edificaciones Culturales por el entonces Viceministro de Cultura, Francisco Sesto.

Tres. El Museo Nacional de Arquitectura, programado desde el año 2005, esperaba una sede y no había en perspectiva ninguna posibilidad razonablemente próxima en el tiempo y en el presupuesto.

Cuatro: Para dar rápido cumplimiento con la puesta en marcha del Museo, aspiración compartida por un numeroso núcleo de arquitectos desde la creación en los años 70 de la Fundación homónima –hoy desaparecida- se pensó y se logró transferir el uso de la sede de la Gran Tienda del Arte al Musarq.

Cinco: En la situación de oportunidad ya señalada es obvio que no había pertinencia para un concurso, ciertamente deseable en muchas otras ocasiones. Y a quienes se preocupan por el costo de la operación, les aseguramos que el rediseño del edificio se ha llevado a cabo únicamente, en lo que concierne a los arquitectos del Musarq, con los modestos y normales honorarios de empleados del Ministerio. Carlos Raúl Villanueva ya nos había enseñado que eso es posible cuando para uno la arquitectura es un impulso de vida. Y el presupuesto para la construcción se ha regido por tener como principio el máximo de economía, hasta el punto de recurrir a recortes radicales.

Seis: El diseño del edificio responde a unas tesis, elaboradas durante muchos años, de lo que pudiera ser deseable, en término de construcción del espacio, en un territorio cultural y físico como el nuestro. Perfectamente legítimo pensar en otras posibilidades. Pero no se trata de improvisación ni de carencias de ideas. Podemos demostrarlo si se plantea una discusión honesta y sin trampas.

Siete: Un tema delicado es por supuesto el de las relaciones espaciales y volumétricas con el Nuevo Circo. El que nos hayamos guiado más por una concepción de relativamente pequeña escala que por una a lo monumental de grandes ejes y visuales distantes, no compromete en absoluto el resultado. Todo lo contrario. El mundo y la historia de la buena arquitectura están llenos de ejemplos que corroboran esta tesis. A los escépticos hay que recordarles que el Nuevo Circo siempre se ha abierto diagonalmente sobre una placita triangular original que se conserva y valora. Y que también es deseable que refresquen su memoria, por ejemplo, con una nueva lectura de esa pequeña biblia del diseño urbano que todavía es “El paisaje urbano” de Gordon Cullen. En el tratamiento didáctico de lo que él llama el “Aquí y el allí”, pequeño teatro de la sorpresa, podrán hallar cómo llenar ciertas sus lagunas metodológicas.

Ocho: Por último, quienes, sin información ni sindéresis, de una vez desean destruir y eliminar el edificio sede del Musarq, tal vez tengan oportunidad de hacerlo en el futuro. El tiempo que todo, o casi todo lo resuelve, seguramente dirá la última palabra. Pero mientras tanto han perdido una buena oportunidad de callarse y de no hacer un feo papelón.

Addendum: Para la amiga Paulina. Tus argumentos y tu insistencia para negarte a aceptar la institución museal para los fines de la arquitectura –justo en sentido contrario, esto es, a contra flecha, de los museos de arquitectura que cada vez con más frecuencia se construyen en el mundo– son confusos, incomprensibles e inexplicables. En todo caso no te excedas en eso de interpretar lo que hoy diría o haría tu padre, mi maestro admirado, Carlos Raúl Villanueva. No te queda bien, ni tú, a pesar de ser su hija, eres la dueña exclusiva y póstuma de su manera de pensar.

2 comentarios:

  1. excelente su respuesta, así es que hay que hablarles, ellos todo el rato atacando sin ningún tipo de discurso más que un total anacronismo...arquitectos mediocres que no quieren más que venderse y mostrarse a ellos mismos, olvidando la arquitectura como un arte social...y también han olvidado que la inteligencia no se hereda

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  2. El concurso publico es el mejor instrumento para democratizar la practica de la arquitectura.

    La competencia nos hace ser mejores cada vez.

    Todos los proyectos públicos deben ser sometidos a concurso.

    #agitation!

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