viernes, 20 de abril de 2012

Un análisis casi exclusivamente para arquitectos

por Juan Pedro Posani

Hay hechos objetivos y hay interpretaciones subjetivas. Un hecho objetivo es la ingente acción constructiva que está realizando el Estado, con diferentes instituciones, en todas las ciudades del país y en especial en la capital. Desde el Ministerio del Poder Popular para la Vivienda, la Oficina de Planificación de Planes y Proyectos Especiales OPPPE, la Alcaldía de Caracas, desde muchas otras oficinas donde trabajan arquitectos, se están elaborando proyectos y emprendiendo su ejecución. Las obras se destacan y las ciudades cambian. Por lo menos Caracas ya no va a ser la misma. ¿Qué cambia? Frente a este hecho el museo tiene una labor: debe ser testigo y a la vez auspiciar el análisis y el debate. Es parte de sus responsabilidades como institución cultural pública. Ayudar a entender el carácter, las dimensiones, la trascendencia de lo que ocurre en el espacio urbano.

Esta vez nos parece que también podemos intentar analizar los aspectos formales de las transformaciones en acto y sus aspectos estéticos. A riesgo de ir a contracorriente de nuestra tradicional cultura pragmática, en la cual se ha insertado un inevitable inmediatismo, podemos ensayar un breve sondeo referido a algunas evidentes tendencias formales que son el resultado de diferentes maneras de enfocar y elaborar el proceso de diseño arquitectónico.

Por una vez limitemos el análisis únicamente a la estructura de la fisonomía de los nuevos edificios que van apareciendo en las calles y avenidas, densificando la ciudad. Dejemos a un lado, con el permiso de los fundamentalistas, consideraciones puntuales de costos, cantidades, materiales, formulas constructivas, racionalidad de ubicación, etc., que de ello ya tendremos oportuninades de hablar, sobre todo en las sesiones de discusión y debate que el MUSARQ se compromete a realizar una vez que ya esté en condiciones de iniciar el vuelo.

Decíamos pues, que el museo debe ser testigo. Y en lo que se está construyendo, dentro del programa de la Gran Misión Vivienda, muy visibles aparecen dos maneras de diseñar que merecen ser examinadas teniendo en cuenta el tipo de análisis tradicional de práctica académica, sin llegar a las supuestas profundidades de la llamada “semiótica arquitectónica”, ya enterrada en los años ochenta.

Hay dos formas, dos métodos de diseñar una fachada, esa membrana donde acaba lo interior y comienza lo exterior. Una, la que se desprende de la gran tradición clásica occidental. La otra, la que corresponde más al espíritu moderno, igualmente occidental, pero emparentada también- aspecto interesante- a la manera como se desenvuelven las tradiciones populares y anónimas.

La primera modalidad implica considerar el objeto arquitectónico como un elemento en cierto modo abstracto, desprendido de su funcionalidad interna y convertido en cierre de calle, en fachada pública, en pared de fondo de la gran sala común que es una avenida o una plaza.

Con ello no se tiende a reflejar lo que ocurre detrás de la fachada, en términos de funciones o de usos. La piel exterior es independiente de la vida interna. Hasta cierto punto la distribución interior no es un dato que se quiere evidente y perceptible desde afuera, en los vanos y en los llenos, pues constituye una realidad estética con vida propia dedicada a los observadores externos, al público exterior, a la gente en la calle. Su destino va dedicado a la ciudad y a sus habitantes que circulan, ven, observan, juzgan desde lo urbano. Un ejemplo: el palacio Farnese. Su fachada hacia la plaza no refleja lo que hay detrás de ella, la distribución de los espacios, la estructura, etc. La fachada es una realidad autónoma que atiende a otros principios: armonía, simetría, respeto formal, dignidad estética, y cuantos otros valores públicos puedan hallarse en la cultura simbólica. Se trata de una ilustre metodología que arranca nada menos que de la formalización de la tipología del “palazzo” del Renacimiento italiano, Farnese, Pitti, Riccardi, Ruccellai, Cancillería, etc. Y con todos los escritos de los tratadistas, Alberti, Vignola, Serlio, Vasari,etc. Igualmente, como un ejemplo muy conocido, en las obras realizadas por Haussmann en París al final del siglo XIX, con la repetición homogénea de la misma tipología, se apela a la configuración pública de las calles con la constitución formal de las líneas de fachadas. Una manera de dirigirse directamente a lo público; no, evidentemente, a quienes habitan detrás de ellas. En todo caso, la calle, así conformada, coherente, repetitiva, ordenada, armónica, como “gran salón de la ciudad”, adquiere y difunde un extraordinario sentido de ciudadanía. Las grandes ciudades europeas, como París o Barcelona, de ello, de esas fachadas y de esas calles, derivan y extraen buena parte de su encanto.

El movimiento moderno, con todo lo que pueda significar, procede en cambio de una manera opuesta, y en ello ocurre una revolución de gran trascendencia. La fachada se pretende ahora que sea reflejo, imagen y traducción fiel de su interior. Prevalece entonces un dinamismo excepcional que como resultado histórico ha tenido una magnífica acumulación de obras maestras. Dos maneras de manejar la fachada que cohabitan todavía con diferentes intensidades en las ciudades del mundo.

Consideremos ahora algunos ejemplos de lo actual, en Caracas. Los más visibles y evidentes.


Primero, algunos de los edificios para damnificados de la OPPPE. Un cuerpo central blanco que arranca de una base más oscura. Un remate en forma de alero, con un color más notable. La clásica conformación tripartita: base, centro, remate. El cuerpo central, al estar agujereado con un ritmo simétrico de ventanas todas iguales, adquiere un valor de fachada digna, decorosa, en cierto modo limpia y edificante. Y los remates exagerados que como alas de mariposas coronan los edificios producidos por el colectivo de OPPPE, además de emanar un cierto alegre aire vagamente náutico o deportivo, asumen un papel público de gran importancia, identifican al edificio, lo caracterizan, y así haciendo contribuyen a formar y conformar identidad de ciudad. No interesa ya su posible funcionalidad -sombra, agua de lluvia, etc.- pues la suya específica es la de rematar, sugestivos, como la antigua cornisa, un volumen y un espacio. Con ello se ratifica una manera de diseñar que prioriza en sus objetivos los aspectos que definen al edificio que, como un objeto, es un ingrediente público observable desde los espacios públicos.


El otro modelo: la otra manera de diseñar que es la que sobresale en lo que está produciendo, por ejemplo, la oficina de diseño de FundaCaracas, de la Alcaldía de Caracas. En las viviendas de Brisas del Panteón o en las de Santa Rosa, en cambio, se respetan criterios menos ligados a una concepción, en el fondo clásica, y más con las modalidades y criterios del diseño moderno tal como se supone que deben concretarse en la relación lineal forma-función. La demostración visual de las funciones diferentes que estructuran un edificio, es un objetivo más determinante. Hay interés en evidenciar, en demostrar visualmente las cualidades de la estructura, las condiciones dimensionales o de textura de los materiales o –importantísimo- las características diferenciales de las tipologías. En ésta modalidad prevalecen estos principios, esenciales para comprender los cambios revolucionarios: el alma misma del movimiento moderno y símbolos de ruptura con el pasado clásico.

Dos maneras pues que se complementan, que se combinan, una al lado de la otra, y que nos parece importante destacar y analizar si se quiere seguir ejerciendo el análisis arquitectónico que corresponde a la especificidad disciplinaria. Vale la pena seguir de cerca lo que está ocurriendo en nuestras ciudades y en particular en Caracas, pues se está creando con una rapidez sorprendente un nuevo paisaje urbano de carácter público, compuesto por elementos arquitectónicos diferentes que de alguna manera se intercalan y se confrontan, sumando valores diferentes pero igualmente valiosos para la construcción de un ambiente urbano creativo. Que aparezcan diferentes formas de encarar el proceso de diseño es tan importante y valioso para el desarrollo de la arquitectura en el país, como el compararlas y apreciarlas en sus posibles riquezas de experiencias. Que florezcan las cien flores, era el eslogan chino de la época de la gran revolución, referido a la situación político-ideológica. Podríamos pedirlo prestado para referirnos a una condición nueva para Venezuela, una suerte de competencia, de diálogo de alto nivel en la cual ¡la arquitectura es la insólita protagonista!

El sucinto e incompleto análisis que precede, que toca tan solo dos ejemplos, se restriñe, ya lo hemos dicho, a los valores formales, y no toca por lo tanto todo lo que se refiere al peso de los demás aspectos fundamentales de la acción del diseño arquitectónico en la sociedad, lo cuantitativo, lo económico, lo político, lo cultural, lo antropológico, etc. Pero es bueno de vez en cuando insistir en lo estético, que al parecer, junto con lo ético, es un singular carácter distintivo de la huella humana.

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