martes, 12 de junio de 2012

El Mausoleo, otra vez


por Juan Pedro Posani

El Museo Nacional de Arquitectura, como cualquier otro museo dedicado a otras áreas de la creatividad humana, tiene como tarea la de dar testimonio de lo que ocurre de más interés en su área específica, de conservarlo para la historia y difundirlo para el público. En su caso, como en los de todos los demás, este ejercicio permanente a que está destinado implica de manera inevitable y necesaria una seria y razonada labor de selección. Porque en el océano de acontecimientos que se producen a diario no todo tiene el mismo peso, el mismo valor, la misma trascendencia. Se impone, por lo tanto, una selección: esto en lugar de aquello, mucho énfasis en esto porque posee más valores, menos o nada en aquello, porque no tiene tanto significado. Al proceder así, que es labor normal, diaria, en todo museo, se ponen en juego juicios, y ello implica, explícitamente o no, criterios de análisis, de examen, de crítica, de evaluación, de razonamiento, de apreciación. Finalmente: de conceptos y de discernimiento.

Nada que ver, por lo tanto, con un supuesto criterio de neutralidad “objetiva” que de algún modo podría recordar, en paralelo, la supuesta objetividad “neutral” de la historia. No se procede así (afortunadamente) porque la vida, en todos sus laberintos, posee y exige una multiplicidad de puntos de vista que derivan a su vez de una multiplicidad de intereses reales y contundentes. De otro modo estaríamos sobrevolando lo insípido de un mundo plano y abstracto que no existe.

Se colige, entonces, que en la labor del museo, emitir juicios de valor está implícito en la labor de conservar, exhibir y difundir. Mientras el MUSARQ no disponga todavía de su sede, que está en su etapa final de ejecución, este blog cumple buena parte de la labor a la cual nos estamos refiriendo.


Es por ello que nos parece que hoy hay que decir fuerte y claro que una de las obras de mayor interés y valor arquitectónico (pero no tan sólo por ello, porque posee trascendencia también en otros planos de la cultura, de la historia y de la política nacional) es el Mausoleo de Bolívar que actualmente se está terminando detrás del Panteón Nacional. Tenemos la firme opinión, después de evaluar todos sus aspectos, internos y externos -después de haber analizado sus relaciones con el entorno y con el edificio del Panteón, después de haberlo analizado cuidadosamente como instrumento y artificio de redención de la enorme deuda cultural y política que poseemos con el máximo prócer venezolano, después de haber medido el manejo formal de sus volúmenes, texturas y espacios internos– de que estamos en presencia de un valor arquitectónico fenomenal, sorprendente en su madurez, resultado de un formidable acto de valentía, nuevo eslabón en la historia de la construcción del espacio con valor cultural, en este país.

Sabemos muy bien que ya se han emitido opiniones bien diferentes. Negativas y despectivas. Lindando con la ironía y la sorna. Sostenemos que están equivocadas, que no son el resultado de análisis a la luz de lo que la profesión y el conocimiento imponen en todo juicio: la reflexión cuidadosa, el análisis de los hechos reales, la comparación de las hipótesis, el desprendimiento de factores personales de carácter emocional. Ha prevalecido en quienes, ya no desde el anonimato juvenil y procaz de quienes escriben el territorio del Internet -que ello no importaría- sino desde las alturas de la autoridad profesional y profesoral, una visión apresurada y superficial dictada en lo esencial por una posición política obcecada y cargada de prejuicios.


Los invitamos a reflexionar, a coger aire profundo, a examinar esta obra como si estuviera, tal vez, en otro momento histórico, y si fuera posible, como si fuera una obra producto de autores desconocidos. Es un método que a veces funciona.

Es una invitación sincera que extendemos a quienes entre nuestros lectores participan de una visión negativa del nuevo Mausoleo. De otra manera tardarían demasiado en tener el goce de reconocer una de las que van a ser máximas obras de nuestra arquitectura.


Cuando el Mausoleo se inaugure, el público, profesional o no, tendrá oportunidad de opinar y juzgar. Para adelantar la discusión en este blog, que esperamos sea de alto nivel y entre profesionales, comenzamos a partir de hoy a aportar documentos fotográficos.

1 comentario:

  1. Tal vez, muchos venezolanos, muchos intelectuales de otros países, no están o no estaban preparados para recibir el tremendo impacto de una visión del mundo y de la vida que contrasta violentamente con la imagen del mundo y de la vida sembrada en el inconsciente colectivo por varios siglos. Por esa razón, para muchos resulta inconcebible reconocer su propia historia y valorarla, reconocer la posibilidad creativa que comienza a nacer y se materializa en base a lo ético, en base al amor, en base a lo humano y no sobre un pedestal profundamente materialista.
    Esos arquitectos que hacen públicos sus pareceres y opiniones negativas y descalificadoras sobre EL MAUSOLEO y sobre muchas otras situaciones, fueron instruidos para admirar, imitar y reconocer solo aquello producido por quienes colonizaron nuestra cultura, suficiente examinar una biblioteca y ver lo que leen, suficiente ver de qué han llenado nuestras ciudades, suficiente ver cómo actúan en las instituciones y en los gremios. Es tradición, en nuestro país, creer que la arquitectura y los arquitectos, constituyen una elite que está más allá del urbanismo de los ranchos, del urbanismo de los espacios públicos, más allá del “hecho social por excelencia” en que creyó el maestro Villanueva.
    Por eso, el Museo Nacional de Arquitectura tendrá que asumir una labor docente orientadora, pedagógica y filosófica, en el rescate y en la formación del arquitecto necesario para los retos que impone el cambio de paradigma en que está empeñada una mayoría de los habitantes en nuestro país.
    Carlos Vaccaro

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