viernes, 17 de agosto de 2012

Un restaurante escandaloso, bienal pero escandaloso

(1) Bienal de Venecia 2012: Torre David, Gran Horizonte. Urban Think Tank + Justin McGuirk + Iwan Baan. Italia. 2012.
© Nico Saieh

El arquitecto David Brillembourg con su equipo del URBAN THINK TANK, se ha comprometido polémicamente, una vez más, en ese circuito tan particular que es la sección de las “Corderie” de la Bienal de Arquitectura de Venecia, con la instalación de un restaurante popular, “como si estuviera en el piso 47” de la “Torre de David”, en Caracas. En un edificio inacabado y que, como todo el mundo sabe, después de un período de abandono y vandalismo ha sufrido un insólito y largo proceso de ajuste a las necesidades de sus invasores, ahora reunidos en una suerte de comunidad de carácter religioso. Según las palabras del Think Tank, en Venecia “se construirá un restaurante, con humildes materiales”, producto ejemplar de quienes “llevan el rancho en su cabeza”. “El Gran Horizonte, como un pedazo de Caracas,… pieza simbólica del sur económico”,… demostrará “las magníficas deficiencias” de “una vibrante comunidad”,… “football y series populares en los televisores colocados en las esquinas y comida de menú auténticamente venezolano”.


(2) Vista Torre de David

El “Gran Horizonte” de inmediato ha generado una agria y muy interesante polémica. Observándola desde afuera puede aportar unas cuantas enseñanzas acerca de las condiciones del ejercicio del análisis, hoy en Venezuela, en el ambiente asociado con la arquitectura.

Para información completa acudir a:


La iniciativa de Brillembourg y la crítica que ha generado, ha dividido en dos, digamos, facciones, o mejor, en dos campos opuestos, a un repertorio de arquitectos muy conocidos, unos cuantos, y otros menos, pero no por ello menos dignos de ser escuchados. Dos campos que se caracterizan, ambos, por pertenecer a una forma de pensar muy conservadora y hasta reaccionaria, combinada con un innegable talento de diseñadores. Todos vinculados a un sector dominante de la vieja sociedad urbana venezolana, al que podría argüirse como el conjunto de quienes se consideran herederos de los amos del valle o de quienes que se asumen como tales (sin serlo). Las dos facciones, que han dormido en la misma cama durante décadas profesionales, hoy, por causa del restaurante de marras, han puesto al descubierto elementos de competencia, profundas fracturas y graves elementos de confrontación que las opone hasta el insulto.

La facción “A” de la oligarquía arquitectónica se declara horrorizada por el reality show que va a montar el arquitecto Brillembourg, a partir de las penurias y deformaciones que produce la pobreza y de la ingeniosidad con la cual ésta resuelve las contradicciones de un entorno absurdo como el de las grandes obras inacabadas de los financieros venezolanos. Lo califica expresamente de “cínico” y de “oportunista”. Pero es significativo que en este caso excepcional de la “Torre de David” prefiere ignorar su verdadero significado histórico y antropológico (causas económicas y políticas, condiciones materiales, complejidad cultural de vertientes opuestas que se entrelazan y se confunden en lo positivo y en lo negativo ) para insistir en lo que realmente le interesa y le toca de cerca: el atentado al sagrado derecho de propiedad y la supuesta o verdadera tolerancia del gobierno revolucionario hacia el fenómeno de las invasiones. No importa la naturaleza del fenómeno, importa lo que afecta a la propiedad inmobiliaria.

La otra facción, llamémosla “B”, representada por el equipo Brillembourg, ha aprovechado sus experiencias con su extraña relación Manhattan-La Charneca, con una aguda sensibilidad por la sutil metodología esotérica de los mass-media internacionales, (traducción: cómo hacerse conocer y cómo conquistar posiciones donde realmente importa) para crear lo más parecido a lo que los franceses llamarían une tranche de vie, un corte arquitectónico de vida real. La meta: lograr una situación gastronómico-espacial, en la cual y mediante la cual, el público europeo pueda sentir en su propia piel el delicioso escalofrío que produce comer comida típica y exótica en una réplica lo más fidedigna posible del corazón del infierno tercermundista.

(3) Interior Torre de David


En el súmmum de la teatralidad verista los europeos podrán disfrutar de su cuarto de hora de horror, podrán sentir cerquita, mientras degustan un pabellón criollo, al demonio de las angustias urbanas de la exclusión, del fracaso tecnológico, del arcaísmo conectado a la modernidad de imitación. Aguijoneados por los efectos en toma directa del “vernáculo-periférico”, podrán hacerse todas las preguntas posibles, pero por supuesto sin hallar respuestas que no sean las del consuelo de pertenecer al primer mundo, en crisis por el momento, pero a salvo en su esencia blanca, occidental y desarrollada, bien lejos de la otredad de un mundo que se permite, desde su inopia, atreverse al discurso de la revolución. Como un respaldo a su decisión el equipo Brillembourg defiende su propuesta con un divertido argumento: éste, el de la Torre de David, es un ejemplo de lo que puede convertirse en un eficiente sistema de reciclaje para la multitud de torres y rascacielos de oficinas, semivacías por la crisis actual. No se sabe hasta que punto lo dicen en serio: los pobres en los rascacielos sin ascensores, es el futuro del tercer mundo, ¡un new model of urban living! Como una solución para la ciudad, y a la vez un peligroso y desleal guiño a la izquierda, afirman que “¡la Torre de David es un símbolo de los fracasos neoliberales y del auto-empoderamiento de los pobres!”.

Por consiguiente, considerando tal herejía, tal exabrupto ideológico y a la luz de las implicaciones públicas y políticas del malhadado restaurante, la facción “A” no tiene otro recurso que acudir a virulentos y duros reproches para la facción “B”: a esos cínicos y oportunistas no hay que tratarlos sino con el silencio, la indiferencia y “el desdén” que se merecen quienes traicionan su clase con espectáculos tan poco edificantes, que ponen en “descrédito a la arquitectura venezolana” y que en el fondo no están sino en contra de su propio país… Hay que augurarles que “no lleguen a nada” y hay que asegurarles todo “el desprecio de los profesionales serios”.

¿No les decíamos que es interesante? Lástima que haya más de folletón de televisión que de análisis de los hechos y de crítica cultural.

(4) Ciudad Socializante VS Ciudad Alienante. Doménico Silvestro. 2012.

Estamos hablando de la Bienal de Arquitectura de Venecia y buena es la ocasión que nos ofrece para confrontar dos otras formas de ver el mundo, la cultura y la política. A partir del estímulo que ofrece la arquitectura y la ciudad, entendidas ambas como síntesis del acontecer humano, pongamos juntas, una al lado de la otra, las dos referencias que de Venezuela aparecerán en la Bienal. La del pabellón nacional y la de las “Corderie”. Dos visiones, dos maneras de estar en la tierra, hoy y aquí: la primera, optimista, creadora, cargada de futuro y, sobre todo, proyectada hacia la inmensa tarea de rescatar lo mejor del país y de alistarse en el máximo esfuerzo para construirlo como residencia humana decente e igualitaria. La segunda, cobijándose en el regodeo del seudo folklore de la pobreza, como espectáculo de los pobres para los ricos del mundo, lo pintoresco y lo exótico, una concepción superficial y una imagen turística de una realidad bien profunda y dramática. Por el contrario, en el ángulo opuesto, Doménico Silvestro y la “ciudad socializante vs ciudad alienante”, en la curaduría de Andreina Agusti, quieren ser la prueba contundente de que en Venezuela lo más actual, vivo y dinámico está en un pueblo que está intentando reconstruirse a sí mismo. Y que, es lo más asombroso, puede hacerlo.

(5) Ciudad Socializante VS Ciudad Alienante. Doménico Silvestro. 2012.


(1) Tomada de: http://www.plataformaarquitectura.cl/2012/10/24/bienal-de-venecia-2012-torre-david-gran-horizonte-urban-think-tank-justin-mcguirk-iwan-baan/1346676926-bnl-utt-2/
Fecha: 16-05-2013 - 06:40 p.m.

No hay comentarios:

Publicar un comentario