martes, 6 de noviembre de 2012

El panorama mundial

(1) Conjunto de viviendas. Estudio MAD. Pekín, China.
 
por Juan Pedro Posani

El panorama mundial, en lo económico, tecnológico, político y cultural, cambia de manera acelerada. Fisuras, quiebres, rupturas, desviaciones, saltos hacia delante y regresos inesperados. Reconsideraciones, nostalgias, retos, impulsos acelerados. Sorpresas que te la vida y la historia... El caos es una realidad contemporánea contundente. El mundo globalizado, atenazado por las tres grandes crisis contemporáneas, la económica-energética, la climática y la poblacional, debe encarar a corto plazo, desde los diferentes grados de industrialización y de niveles de vida, decisiones trascendentales. Con sus inevitables efectos en la concepción y en la práctica de la arquitectura. Es oportuno considerar estos cambios porque sería absurdo no medirnos, desde nuestra periferia en arduo proceso de independencia y autonomía, en relación con lo que ocurre en el mundo.

Si observamos la explosión asiática, por ejemplo, el crecimiento exponencial de la economía china y la de los demás gigantes orientales, con el tremendo desarrollo tecnológico que los acompaña, independientemente de todos los problemas y conflictos que a ellos se integran, que de ellos derivan y con ellos se sostienen, claramente aparecen, en el campo de la arquitectura, dos formas de hallar respuestas, dos maneras diferentes, casi abismales, de percibir salidas creadoras.

Tomemos como muestra dos casos ejemplares. La decisión de diseño, abstracta, irresponsable, irracional y absurda que recorta como si fuera una hoja de papel una delgada lámina de viviendas, construida en Pekín por el estudio MAD (sintomático el nombre, si se lee en inglés) y, en cambio, la prudente y sensata pero a la vez creativa, de la escuela Binh Duong diseñada por el arquitecto Vo Trong Nghia en Ciudad Ho Chi Minh, en Vietnam.

(2) Escuela Binh Duong. Diseñada por Vo Trong Nghia. Ciudad Ho Minh, Vietnam.

Dos actitudes diametralmente distintas: la primera, destinada a llamar la atención con un desarrollo formal insólito, indudablemente espectacular, pero sin atender en lo mas mínimo a condiciones culturales, funcionales, económicas o tectónicas elementales. Lo que importa es que se imponga, a lo Zaha Hadid, el asombro infantil. En los chinos boquiabierta, atónitos frente a tamaño disparate, perplejos por el hecho indiscutible pero increíble de que se haya podido construir, en contra y a pesar de todo lo que el buen sentido recomienda, es que se resume el sentido político de esa obra. Es asunto triunfante de la más burda economía de mercado, es triquiñuela engañosa en las dos vertientes, la de la política del Estado que auspicia el enriquecimiento desigual y la de las mayores posibilidades de venta de lo que parezca extraordinario.

La segunda, de manera totalmente opuesta y realista, parte justamente de las condiciones contextuales: desde el lugar y sus condicionantes culturales, económicas y climáticas, extrae las soluciones más adecuadas. La forma final es el resultado de armonizar todos esos elementos. La sombra y la vegetación, la penumbra y la ventilación transversal, la economía racional del modelo constructivo, la relación grata y eficiente entre los espacios de trabajo y los de esparcimiento, la creación, en fin, de un lugar de aprendizaje que selle un pacto cultural profundo entre el adolescente y el entorno, su reconocimiento de la dignidad, no solemne sino grata y abierta, de la arquitectura pública.

La primera actitud es de indiferencia hacia los problemas del mundo, un insulto de “neo-nuevorriquismo” asiático recién llegado. La segunda es un acto modesto de creación, de estímulo a la alegría, al gusto y al placer de vivir en armonía con el mundo.

El mundo se desplaza hacia el Asia. Que este siglo será asiático, no es tan sólo un lugar común cultural repetido miles de veces. Es la síntesis de una realidad comprobada en los hechos estadísticos. Pero las metodologías de diseño responden a criterios universales, aun cuando las condiciones de contexto sean distintas y las soluciones diferentes. Y los errores se cometen de la misma manera y los disparates se acumulan en todas partes. De las dos maneras de enfrentar y solucionar el problema urbano mediante la arquitectura, que podemos registrar en las nuevas experiencias asiáticas, una lección se desprende con absoluta claridad, especialmente cuando nos referimos a la franja tropical del planeta. Vo Trong Nghia tiene razón y MAD está radicalmente equivocado. Si queremos salvar al mundo, y en ello la construcción del espacio cumple con una tarea fundamental, es la guía de la razón y del sentido común la que debe prevalecer.

En el Vietnam como en Venezuela.



(1) Tomada de: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/10/31/album
(2) Tomada de: http://www.dezeen.com/2012/11/03/

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