martes, 9 de abril de 2013

Bruno Zevi contra la historia

(1) Mitare Falcón, R. Paolini.

1. La historia que todavía se enseña en las facultades de arquitectura, coincide con los grandes criterios que han orientado a la cultura occidental y con los cuales se han construido sus valores fundamentales. ¡Perogrullada. No podría ser de otra manera! La civilización occidental, con las pruebas contundentes y omniabarcantes de sus éxitos tecnológicos y mercantiles, ha penetrado en todas las regiones del mundo. Venciendo y convenciendo ha dominado la forma de sentir y de pensar. Para poder construir una forma cultural distinta, dotada de una óptica diferente, liberada de las potentes jaulas ideológicas con las cuales los dueños del mundo lo han aprisionado, hay que realizar un ejercicio doble, asimilar y cuestionar con un agudo espíritu crítico los valores primigenios de la modernidad (que es occidental, recordémoslo) y a la vez atreverse a la aventura apasionante de inventar una modalidad de ser y de existir que corresponda a la temperatura anímica, a la mentalidad política, a las ambiciones materiales y físicas, de este mundo nuestro que poco a poco y con enormes esfuerzos se está emancipando de la carga eurocéntrica.

Para América Latina la tarea es ingente, urgente y sobre todo posible, porque para suerte de quienes estamos viviendo este trance histórico, es evidente que es aquí únicamente, en este trozo de geografía y de historia, donde se están dando las condiciones para el salto epistemológico, para el cambio de conciencia, para la revuelta del espíritu. No en otras partes del planeta. Es aquí, es de esta vieja-nueva región, de nuestramérica, de donde puede arrancar el trabajo milagroso de cimentar la independencia de criterios, de estilos de vida, que exige la salvación del futuro del mundo. Pasar del cretinismo infantiloide de la humanidad, todavía erizada de armas y de egoísmo, a la verdadera civilización madura y generosa.

2. La historia de la arquitectura que se enseña en las universidades, decíamos, es historia occidental y eurocéntrica, impregnada de superioridad y de soberbia. Y es por lo tanto extremadamente sintomático que uno de los adalides de esta historia, el famoso historiador y crítico, Bruno Zevi, en los últimos años de su vida de escandaloso profanador de mitos y, a la vez, de adorador impenitente de la figura del arquitecto como demiurgo, haya planteado la necesidad de revisar esa historia que se enseña. No tuvo tiempo de terminar lo que estaba escribiendo, él, justamente historiador académico: una verdadera “Contra-historia” que atentase contra los criterios establecidos, los valores consolidados, los preceptos académicos. Sin embargo, en un librito que nos dejó, “Architettura, concetti di una Controstoria”, 1994, elabora una visión que permite cuestionar las grandes secuencias de los períodos históricos y por primera vez, y ello está cargado de enormes repercusiones, anuncia la pertinencia de equiparar, entiéndase bien, equiparar toda la prehistoria constructiva del hombre a la “gran historia” de la arquitectura occidental.

(2) Stonehenge. Inglaterra.

Los menhires y las cuevas, el neolítico y el megalítico, así como toda la prehistoria adquieren una especial importancia. Zevi llega a lamentar que se haya perdido o ignorado “la organicidad espacial, la expresividad de la materia, la multiplicidad lumínica” de las cavernas neolíticas. Y se pregunta, con sobrada razón, si es posible concebir que los hombres que realizaron maravillas como las pinturas rupestres, (ej. Altamira), no posean también un equivalente grado de creatividad y sensibilidad con relación al espacio. [1]

(3) Mitare Falcón. R. Paolini.

Y de la prehistoria a la arquitectura popular o anónima universal no hay sino un corto paso, como en efecto nos dejan indicios, atisbos de pensamiento, en el breve texto ya citado. Las conclusiones extrapoladas no podrían ser más contundentes: toda la historia de lo construido en cualquier parte del mundo (historia o prehistoria, arquitectura culta o popular, con nombre y apellido o anónima, académica o folclórica) tiene el mismo derecho, en igualdad de escala de condiciones y de valores, para ser considerada como una enorme experiencia continua de virtudes acumuladas.

(4) Churuata piaroa. Juan Pedro Posani.

El inolvidable “Arquitectura sin Arquitectos” de Bernard Rudofsky, publicado en 1964 para la exposición análoga, vuelve entonces, con toda la carga de su hermosísima documentación, del benévolo destierro al que lo condenó el auge del “star system”. El hecho de que la revolución industrial -nos dice Zevi- haya colocado al arquitecto como un especialista aparentemente indispensable (y muy susceptible al protagonismo personalista) para resolver los problemas urbanos y tipológicos que encarnan la modernidad, no debe oscurecer todo lo que se ha construido cuando o donde no había o no hay arquitectos. Por el contrario, donde todo el mundo es o puede ser arquitecto, en la prehistoria o en los trabajos del pueblo anónimo, el producto arquitectónico es igualmente valioso y debe ser examinado y estudiado con la misma atención y respeto con los cuales consideramos a los de Palladio, Borromini o Villanueva.

(5) Churuata piaroa. Juan Pedro Posani.

3. El MUSARQ tiene programado para este año una importante exposición dedicada a lo construido por los indígenas que históricamente han habitado y viven en la región geográfica que corresponde a la Venezuela actual. El objetivo de la exposición es precisamente, más allá del necesario encuadre científico antropológico, (equivalente al encuadre científico y antropológico con el cual hay que diseñar una vivienda hoy) demostrar lo que implícitamente nos decía Bruno Zevi: lo que construyen nuestros indígenas, con todas sus variedades y diferencias, en primer lugar, es arquitectura. Y en segundo lugar, de la manera como las etnias venezolanas resuelven con extraordinaria inteligencia modélica sus problemas de vivencia en diferentes condiciones ambientales, se pueden deducir lecciones de primordial importancia y trascendencia para los arquitectos venezolanos contemporáneos.

(6) Churuata piaroa. J. Grelier.

Esperemos que la muestra pueda cumplir con estos requisitos que en definitiva pueden sacudir y voltear la visión convencional y academicista de la historia de la arquitectura. El equipo del MUSARQ se compromete a dedicar a este fin toda su capacidad.

(7) Casa Hurtado. Paraguaná. R. Paolini.

Es siempre arquitectura lo que construyen los hombres, megalítico o popular, monumental o "étnico"

(8) Nuraghi, Cerdeña.


[1] ¡Qué contraste, qué diferencia, qué oposición, qué distancia con lo que afirmaba el más académico de los académicos, Sir Banister Fletcher! (1896) “Desechamos, entonces, la evidencia fragmentaria de los burdos intentos constructivos de un pasado desconocido, y más bien centraremos nuestra atención en los siglos iluminados por la luz de la historia escrita y de los monumentos arquitectónicos”. Nada de prehistoria y por supuesto nada de arquitectura sin arquitectos. Y muy poco, además, apenas lo indispensable, de lo producido por los pueblos periféricos con relación al creciente poder imperial. Una más de las tantas evidencias de la cultura excluyente y deformadora eurocéntrica.

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