viernes, 20 de septiembre de 2013

Foro Conclusión Ciclo de Debates GMVV, Documento presentado por Juan Vicente Pantin (*)



A modo de introducción, hay que recordar algo, especialmente para quienes han hecho apología de los vicios y defectos de la misión: primero, que fue lanzada en un momento de emergencia que obligaba a respuestas inmediatas más no provisionales; segundo, que los medios y modos de producción de la vivienda se encuentran monopolizados por el capital privado, a consecuencia de la sangría neoliberal que despojó al país de las capacidades que alguna vez acumuló con ese fin, y tercero, que los logros alcanzados en tan corto tiempo y con estas limitantes no tienen parangón en nuestra historia. Por todo ello, que reconocemos y aplaudimos, creemos necesario también revisar críticamente lo hecho hasta ahora, especialmente por las posibilidades de perfeccionamiento que encierra este proceso; hacer reingeniería de la misión es de vital importancia para mantener el ritmo y la capacidad de respuesta del Estado en materia de vivienda y esto no pueden ignorarlo quienes están a cargo. Es decir, nos encontramos en estos momentos ante el reto de mirar más allá del fantasma del viviendismo y de los números como únicos indicadores válidos para el éxito de una gestión; de comprender la coyuntura actual y las implicaciones futuras que encierra la gestión en vivienda como parte de las políticas de Estado e incluso del futuro de la revolución bolivariana.


La provisión de vivienda a los sectores más pobres de la sociedad implica también su incorporación a nuevas condiciones propias de la vida moderna. La magnitud de la respuesta del Estado en este sentido será directamente proporcional a la responsabilidad que le corresponderá a mediano y largo plazo por la creación y el mantenimiento de estas condiciones, cuyo alcance es significativamente mayor a los metros cuadrados de construcción y unidades en que se computan los resultados de las políticas de vivienda; hablamos de servicios, infraestructura, movilidad, seguridad, equipamiento asistencial, educativo, cultural. He usado de forma capciosa el término moderno, que para nosotros es un lugar común porque hemos asumido como cosa corriente y natural el acceso a los beneficios del desarrollo científico y tecnológico aplicado al ámbito doméstico y del territorio: no es así para las mayorías que empiezan ahora a beneficiarse de la acción del Estado. Hablar de modernidad en estos momentos no es un anacronismo: el reconocimiento de la deuda social y la transformación del país están atravesados por esta idea, y justamente lo que nos diferencia de las naciones que consideramos desarrolladas es nuestro retraso en la creación y sostenibilidad- cuánto sentido encierra este término- de tales condiciones de forma relativamente homogéneas en la totalidad del tejido social y el ámbito territorial.


Quisiera señalar el hecho de que, estando en el marco aparente de un modelo socialista, cuán poco hemos cuestionado y transformado la condición reformista implícita en la modernidad hegemónica y capitalista que se perpetúa en los modos de producción y de apropiación del hábitat sobre los cuales se han construido nuestras ciudades sin mayores cambios durante los últimos 60 años. Considero que para lograr el debate que tanto ha deseado el Museo de Arquitectura con relación a la Gran Misión Vivienda habría que trasladarlo a la esfera de la modernidad como aspiración postergada de los países en vías de desarrollo, es decir, poner en la mira lo que hemos asumido como modernidad y si es un concepto hegemónico o susceptible de nuevas interpretaciones y elaboraciones. He tenido la oportunidad de escuchar y leer al Profesor Posani reflexionar sobre este tema, y de la necesidad de abordar este debate, al cual deseamos incorporarnos. Tal influencia tiene este aspecto filosófico, preliminar y aparentemente deleznable sobre la cuestión de la vivienda, que hasta los eslóganes, acciones planes y misiones están imbuidos de esto.


Para abundar sobre lo dicho, quisiera apuntar algunas observaciones. La primera, no confundir socialismo con Estado de bienestar. ¿Cuánto hay de parecido entre consignas recientes, como el buen vivir, y el good life norteamericano de los años 40 y 50? Si reeditaramos aquí y ahora el kitchen debate (debate de la cocina), de qué lado estaríamos, de Nixon o de Kruschov? Esto no lo digo con ánimos de nostalgia, la diferencia es que ahora sabemos el resultado, pero también las consecuencias, y eso debe precavernos sobre el sentido de privilegiar lo individual sobre lo colectivo, y el modelo social que se construye sobre esta base. En una sociedad donde la pobreza es un indicador que socialmente se mide por determinados símbolos de estatus, incluso por la ubicación en la geopolítica urbana, la vivienda no se aprecia solo como una necesidad material urgente, sino como elemento de ascenso en la movilidad social. Si predicamos los principios del socialismo estamos llamados a cambiar los métodos que usamos para la producción y disfrute de la vivienda; transformar la entrega de llaves en el espacio televisivo, el concurso de adjudicaciones y beneficiarios por el acto de creación colectiva, verdadero espacio de empoderamiento popular, de construcción del socialismo.


Esto lo digo para pasar a la siguiente observación: en una sociedad cuya riqueza se ha basado y sigue basándose en la renta, donde la vivienda y el automóvil son los principales bienes de capital para la mayoría de la población, cuya disponibilidad y especulación en el mercado son elementos dinamizadores de la economía, el elemento financiero no debe ser descuidado. Según los datos del Banco Central de Venezuela, los sectores Construcción y Servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler sumados constituyen el mayor aporte al PIB, 17.63% contra 10.8% de la actividad petrolera; desde el año 1998 hasta el 2012 se han incrementado en más de un 50%. En este mismo lapso de tiempo el índice de precios de la vivienda se ha multiplicado por 7, mientras el PIB se ha incrementado en un 38%. ¿Quién controla el costo real de la vivienda? Desde estos años, operan en Venezuela un grupo de empresas inmobiliarias de capital norteamericano –Century 21, Coldwell Banker, Rent-a-house- que pertenecen a un holding o grupo de empresas que opera en más de 70 países, cotiza en la bolsa de Nueva York con un capital de 8 billones de dólares e ingresos anuales superiores a los 500 millones. Son datos clasificados la cantidad de inmuebles que manejan en Venezuela, sus ingresos reales -pues operan bajo el sistema de franquicias-, más lo cierto es que son estas empresas las que determinan el costo de la vivienda y del sector inmobiliario en general, pues su alza especulativa genera un efecto de arrastre sobre los costos de los insumos, equipos e incluso de la mano de obra.


Si hablamos de un escenario de guerra económica –a la que parece sumarse el de la guerra real- tendríamos que preguntarnos cuáles son los controles que debemos imponer para evitar que las viviendas que actualmente construye el Estado caigan en el ciclo especulativo que constituye el mayor saqueo económico y arma de desestabilización que padece actualmente el país. Muchos predicamos a Marx pero desconocemos el funcionamiento de la economía, lo cual es una contradicción; estamos obligados a analizar desde una matriz economicista el funcionamiento real de la misión, por ejemplo, calcular y monetizar el costo real de la producción de viviendas.


Esta misma lógica aplica para la planificación: es sorprendente escuchar a funcionarios que se jactan de prescindir de la planificación como elemento central de la gestión pública, especialmente de la gestión urbana. No planificar es dejar el hábitat y la ciudad en manos del capital; la especulación se nutre de las desregulación y la pasividad del Estado. Procesos urbanos como la gentrificación guardan una estrecha correspondencia con la especulación inmobiliaria, y abarcan grandes sectores de la ciudad cuya apropiación por el capital privado no es reconocible hasta cuando aparecen los promotores, constructores y urbanizaciones privadas que se benefician de la inversión hecha por el Estado en servicios, infraestructura, movilidad, etc., que finalmente pasan a formar parte de las ventajas comparativas que, expresadas en el costo, ofrecen estas zonas para la adquisición de viviendas. En Venezuela estos fenómenos se aprecian con mayor claridad en el crecimiento expansivo de las ciudades; según la CEPAL, tendremos 94,4% de población urbana para el año 2025, gran parte de ella en “barrios en condiciones precarias como consecuencia de la segregación urbana producida por la exclusión social y la especulación inmobiliaria capitalista, que otorga al suelo urbano y a la vivienda carácter de mercancía”. El volumen demográfico se ha incrementado 4.6 veces en 50 años, siendo uno de los países más urbanizados del planeta y será el segundo de América Latina, con fuertes desequilibrios en su concentración espacial. Este acontecimiento -en pleno desarrollo- es concurrente con lo que calificaría como una “crisis congénita, estructural y endémica” de planificación urbana. Caso extremo es Maturín, la ciudad venezolana de mayor crecimiento urbano -5% anual-, hiperextensa  y desarrollada bajo la lógica del capital.


La planificación, además de abarcar el control y las implicaciones macroeconómicas de las políticas de vivienda, debe replantearse el modelo urbano que es la base real del hábitat y que determina el modelo geoespacial y sociopolítico que nos definirá a futuro. Ello implica mirar a la ciudad que heredamos, con sus errores y defectos, porque debe ser transformada, reformulada a partir de los principios que animan nuestra acción política; la habilitación física de barrios debe incorporarse con mayor fuera a la misión -y algunos pasos se están dando ya en ese sentido-. Implica diseñar y construir el nuevo modelo de ciudad, la ciudad socialista, que sigue siendo asunto pendiente. No caer en la falacia del diseño como panacea: el papel de los arquitectos, de los técnicos, debe concentrarse en la acción directa, en la socialización del conocimiento y la dirección de la creación colectiva del hábitat  Sobre todo implica el reconocimiento de los actores reales, de evitar seguir haciendo la revolución con las armas amelladas del capitalismo: no podemos seguir dependiendo de la empresa privada, por lo general un par de magos de las finanzas y su corte de secretarias sin contacto real con la obra, mientras técnicos y obreros trabajan en condiciones de explotación y el Estado provee de insumos y en muchos casos, incluso tecnologías. ¿Cuál es su papel entonces? Pervertir la lógica de la construcción para la obtención del beneficio, aun a costa de la urgencia social y de los recursos públicos.


Por último, no podemos olvidar nuestras diversas realidades culturales y sociales, actuales. Veamos en las experiencias pasadas los peligros de la homogenización de la vivienda masiva y su desarticulación con la dinámica urbana; la dependencia tecnológica y el atraso técnico. La Gran Misión Vivienda puede ser una oportunidad más en el desarrollo de tecnología local y de un modelo de modernidad alternativo, que nos permita salir del carril con que el desarrollismo contemporáneo se lanza al precipicio de la crisis económica, energética y ambiental; sobre todo es la oportunidad de construir patria, en el sentido de la unidad social y la capacidad de resistir y sostenernos ante la coyuntura presente y futura.


Mike Davis, en su libro Planeta de ciudades miseria, señala que la nueva doctrina de defensa del Pentágono se ha concentrado en la guerra urbana. Los modelos de ciudad construidos los pobladores, con su lógica, su sentido de la libertad, la autodeterminación e identidad cultural, será el espacio de resistencia y construcción de la sociedad futura, si logramos superar los embates de la arremetida imperial. Sólo será posible si abandonamos el camino del reformismo y transitamos la vía de la transformación revolucionaria.


(*) Juan Vicente Pantin. Caracas, 1977. Arquitecto UCV. Profesor de Historia de la Arquitectura Contemporánea en la FAU/UCV. Experiencia editorial en el área de arquitectura y crítica: diario Economía Hoy; Revista La Ciudad del Sol del Musarq y Medio Informativo de la FAU/UCV. Participación en la GMVV a través del Ministerio de Vivienda y Hábitat y de la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales.Actualmente trabaja en desarrollo de proyectos para comunidades organizadas en Caracas con el Movimiento de Pobladores y Campamentos de Pioneros.

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