miércoles, 13 de noviembre de 2013

Los barrios



A  La histórica enmienda de la horrible situación habitacional (barrios, ranchos, hacinamiento, inseguridad) en que dramáticamente ha vivido y aún sigue viviendo casi la mitad de la población venezolana, es un cometido, una empresa tan trascendental para la vida del país, tan determinante para absolutamente todos los habitantes de esta nación, que lo sensato, razonable, honroso y justo, es convalidar y alentar a quienes, pocos o muchos, de manera ejemplar, con un denuedo y un desprendimiento poco frecuentes, han emprendido el grave trabajo de concretar la empresa de redimir el hábitat de los ciudadanos venezolanos. Estimularlos con todos los aportes de la crítica, de las sugerencias, de los consejos, con la sabia intención de mejorar, perfeccionar, corregir los errores, enderezar las acciones. Y no, desde luego, colocarse en el balcón de enfrente, únicamente para rumiar reconcomios y atizar rechazos. Negar por negar es apostar al infierno. Buena ciudadanía, en cambio, es participar. Con sinceridad, con razones.

Insistimos, por enésima vez: esta empresa gigantesca, esta ocasión, esta oportunidad, que, gracias al petróleo, programa la elevación del nivel de vida por lo menos de la mitad de la población, la más desheredada, olvidada, reprimida y apartada, es demasiado importante, con su enorme valor estratégico para la existencia y el futuro de esta comunidad humana llamada Venezuela, para que se la vea con indiferencia, desprecio o, lo que es mucho peor, con la inquina de los espíritus mediocres.



B  Si la mitad de la población venezolana vive en barrios, si en los barrios forja como pueblo sus relaciones sociales y con ellas construye el imaginario colectivo; si en los barrios, a partir del caótico proceso de urbanización a que hemos estado sometidos, es donde se van acumulando, superponiendo, amalgamando, las cercanías y las afinidades que la caracterizan, era inevitable que junto con el programa de la “Gran Misión Vivienda”, resurgiera, casi por clamor popular, el programa de “Barrio nuevo, Barrio tricolor”. El Presidente Maduro reconoció públicamente el error de no haber priorizado la atención a los barrios, por lo menos no con la intensidad que ha merecido la otra Misión.

Viviendas nuevas vs. habilitación de los barrios: una vieja discusión, un viejo debate académico, pero también una indiscutible realidad política. Los barrios son definitivos: con sus diferentes nombres, ranchos, favelas, chabolas, pueblos jóvenes, callampas, villas miseria, champas, bidonvilles, slums, shanty towns, etc. su existencia urbana es definitiva. Sus raíces sociales, de clase y de economía, son perfectamente conocidas. Desde los años 50, en Venezuela se ha discutido la posibilidad de erradicar el rancho existente y de sustituirlo con viviendas-hábitat a la altura del desarrollo social contemporáneo: viviendas dignas. Pero el barrio ha ganado. Se ha ganado el derecho a ser considerado permanente y definitivo. Tan sólo hay que someterlo a un trabajo (difícil y complejo) que garantice su estabilidad y su acceso al nivel de calidad de vida urbana al cual también tiene derecho. Tareas enormes, que implican no solo un inventario cuidadoso (afortunadamente ya parcialmente existente) de la situación en cada caso y casa, metro a metro, servicio a servicio, cloaca a cloaca, escalera a escalera, techo a techo. Sino que también implican, además del diseño programático de las acciones materiales a emprender, la construcción desde abajo, y sólo desde abajo, de las relaciones sociales comunitarias que únicamente garantizan el éxito de los cambios. En las asambleas comunitarias, en la formación de las conexiones democráticas de la comuna es dónde y cómo se formulan las necesidades y se proponen las soluciones solidarias. Un campo inmenso de trabajo estrictamente urbano, en el más hondo sentido de convivencia democrática común 1 , se dibuja en el muy próximo futuro. Si la mitad de la población venezolana vive en los barrios, en la práctica viva y directa de los barrios es donde se ganará la apuesta por un mundo mejor.

jpp.
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1 El problema de la convivencia, de cómo convivir decentemente con “el otro”, es un asunto de enorme importancia que no sólo en los barrios tiene una fuerte incidencia. Multiplicada por el incremento de la densidad, también en los nuevos conjuntos de la Misión Vivienda, que carecen de la figura del conserje, la labor de mantenimiento y, desde luego lo de encontrar las mejores fórmulas de convivencia, se plantean como un reto socio-político inmediato. 

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