martes, 25 de marzo de 2014

Declaración de Condena

Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV. Carlos Raúl Villanueva.
Ciudad Universitaria de Caracas, Caracas, Venezuela. 1952.

Un museo, todos los museos, tienen un compromiso con la cultura, entendida como cuerpo vivo de la existencia civilizada y nexo insustituible con la utopía de que sea cada vez más civilizada. Nexo profundamente implantado en el proceso infinito de creación humana, creación común de compartir y comprender, de encontrar razones para seguir viviendo para algo, sembrando algo, y no simplemente razones para sobrevivir. Es ese compromiso vivo y en alerta que, desde este Museo, nos obliga a tomar la palabra cuando lo juzguemos ineludible. 

Es por ello, y por el asco de revolver lo indecible, de regresar a lo que se repite y se repite en los rodeos de nuestra historia, que deseamos dejar bien transparente nuestro rechazo y decidida condena a los causantes de los hechos acaecidos recientemente en nuestra máxima casa de estudios, la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela. 

Pero no sólo queremos decir claramente nuestro repudio por el ataque humillante, vengativo y rabioso a que fueron sometidos los estudiantes de arquitectura. También sentimos la obligación de precisar dos cosas más. 

Una acción de esa naturaleza es una acción política estúpida, sin finalidad alguna que no sea la de desahogar el encono. Lo que produce, finalmente, es más rencor, mayor resentimiento y más argumentos a favor del adversario. Los jóvenes que han perpetrado esa estupidez con ella declararon su bajeza humana y su dramática ignorancia e inmadurez política. 

Pero también es preciso reclamar a quienes en nombre de la democracia y la tolerancia, condenan esos hechos, que esa condena no pasa de hipócrita y falsa si no se la acompaña, como exigencia de justicia, con la firme condena del intento criminal de incendiar a todo el país y con él numerosas instituciones  universitarias como ha estado ocurriendo en demasiados centros educacionales del país. 

El rechazo a la violencia, donde ocurra y cómo ocurra, debe ser unánime y total. De no ser así nuestra solidaridad con la cultura no deja de ser disfraz culpable.

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