martes, 22 de abril de 2014

En una sola frase

“La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos solo contribuye a hacernos cada vez mas desconocidos, cada vez menos libres, cada vez mas solitarios”
Gabriel García Márquez.
Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 1982

Le preguntaba el periodista a un gran amigo de Gabriel García Márquez, si habría una sola frase suya, suficiente para recordarlo. Con una sola frase suya, resumir su recuerdo. Sintetizar su aporte a la vida de todos. Aparentemente, la había, “Yo escribo para que mis amigos me quieran más”.

Podríamos preguntarnos si no sería posible repetir la pregunta con otros grandes. Con otras personas que igualmente han sido vitales, imprescindibles. Es el caso de Carlos Raúl Villanueva, para los arquitectos de este país.

Había una, muy conveniente. Es la pregunta que siempre le lanzaba a sus estudiantes, que entre intrigados y expectantes, le sometían sus trabajos para la crítica.

¿Dónde está el norte?

En esa frase interrogativa se podría resumir toda la concepción que Villanueva tenía de la arquitectura. O por lo menos de una parte esencial. Con ella le recordaba al estudiante que su proyecto se suponía iba a ser construido en un punto especial de este planeta. Y no en otro. Aquí, no allá… Con esa pregunta quería recordarle el centro físico de una materialidad de inmensas consecuencias para la vida social. De un planeta que depende, en todos los sentidos, de una estrella. Recordarle que es a partir de esa realidad cosmogónica, planetaria, que se define el norte, el sur, el este, el oeste. Que es a partir de esas relaciones fijas, de la rotación de la tierra, que se crean, como mínimo, el alba y el atardecer. Que es de las estaciones y de la ubicación sobre la superficie del planeta que construimos nuestras historias, para empavesarlas luego con los heroísmos y las infamias, con la ternura y la mezquindad, que con el tiempo se convierten en hábitos y costumbres. Pero atmósfera y brisas, calor y frío, vegetales y animales, temblores y huracanes, son como son porque son parte de un lugar en la tierra. La clave de la diversidad está en asumirla. En ese lugar valen persianas, aleros y patios, en ese otro, gárgolas, pizarra y piedras. Aquí llueve, allá nieva. Allá hubo dinosaurios, aquí la luna llena.

¿Dónde está el norte? ¿No te acuerdas? nos sigue preguntando el maestro.

Se nos ha olvidado demasiado. En todas las acepciones posibles, que son muchas y variadas, siempre la misma respuesta: se nos ha olvidado.

Cuando proyectamos y construimos.

Pero también cuando tratamos simplemente de ser ciudadanos de la “polis”. Y se nos olvida. 


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