martes, 6 de mayo de 2014

¿Por qué?



Con atención veíamos las fotos de la obra y escuchábamos las explicaciones de Enrique Fernández-Shaw que ilustraban su presentación, en el MUSARQ, de la sede maracaibera de la Farmacia de Medicamentos de Alto Costo, del IVSS. Las conclusiones son tajantes: un excelente edificio, con una alta calidad de diseño, bien construido y dotado de dos virtudes sobresalientes, la primera, la respetuosa consideración hacia los pacientes que solicitan ayuda y ánimo para sus enfermedades, y segundo, el respeto cuidadoso por las relaciones que toda obra construida debe tener con el ambiente. En el caso de este edificio la atención especial que se les ha dado a estos dos ingredientes esenciales, reflejan la madurez de un arquitecto joven, uno más de las nuevas generaciones que sólo esperan la posibilidad de realizar en lo concreto lo que han acumulado -discusiones y debates, contrastes de enfoques- en la teoría.

¿Arquitectura sustentable? Sin duda. Y además, comprensión cabal de lo que es construir un espacio en el trópico zuliano. Se trata de un ejemplo programático digno de ser tomado como referencia para lo que se está haciendo en el país. Pero no sólo por ser un ejemplo de esta naturaleza es que esta obra es bien significativa. Lo es también por ser un ejemplo de cómo el Estado puede realizar obras de gran trascendencia y utilidad, sin monumentalidades excepcionales, pero también sin caer en la recurrencia a la mediocridad que desgraciadamente es tan frecuente. Haber construido este edificio y haberlo enmarcado en un programa de obras similares para todas las regiones del país, es una valiosa decisión que le hace honor a la administración del IVSS y por consecuencia, a la nación. 1

Arq. Enrique Fernández-Shaw


Junto con estas reflexiones surgieron otras. Se comparaba lo que se está construyendo y se ha construido en América Latina. Colombia, México, Chile, Brasil, casi todos nuestros países latinoamericanos ofrecen una larga lista de obras de gran mérito, en lo funcional, en lo programático y en la calidad de diseño. Obras ejemplares que, sea Bogotá, Santiago, Monterrey o Lima, demuestran siempre una atención esmerada por la realización cuidadosa, al mejor nivel posible, de los espacios destinados a la vida urbana. Instituciones públicas, hospitales, bibliotecas, escuelas, centros recreacionales o deportivos, fábricas, parques u oficinas, todas responden a una intención clarísima de mejorar el ambiente, de dar soluciones muy dignas arquitectónicamente y muy respetuosas hacia el ciudadano, a quien se ubica como el receptor exigente que debe ser.

Si es posible, desde el Estado, hacer buena arquitectura, resultado de acertadas decisiones administrativas, como el caso de la sede de Maracaibo lo atestigua, la pregunta reiterada e inevitable es ¿por qué razón, en Venezuela el Estado no es capaz de mantener el más alto nivel de calidad y eficiencia en todas sus obras como en los demás países de nuestramérica, y no en algunas, muy pocas, esporádicamente? Por cuál razón en lo que construye el Estado y sus instituciones no se plantea siempre alcanzar un nivel de excelencia arquitectónica, que siempre redunda, cuando se alcanza, en beneficios culturales y de calidad de vida para todos los ciudadanos? ¿Por qué el Estado no asume a la construcción del espacio urbano como una bandera política de primera magnitud? ¿Por cuál razón este eterno descuido, esta irresponsable desidia, este desinterés, este tradicional desgano, esta resignación a que no importa lo que salga, que como una condena antropológica nos ata a la incuria, a la torpeza y a la invalidez de la fealdad? 

¿Por qué?

Respuestas a esta pregunta se han buscado desde la fundación de la República. El “bochinche” de Miranda tal vez sea también una metáfora de otros horizontes culturales. Y Es que somos así, no es respuesta. No es ni siquiera el comienzo de una búsqueda de identidad, cualquiera que ella sea… Pero como la identidad no es ni eterna ni inconmovible pero sí moldeable, y sigue siendo una entidad en perenne construcción, cabe seguir preguntándonos ¿Por qué?

Acaso más que encontrar una respuesta, por el momento sea más sano, valioso y positivo que nos demos en la cara, bien duro, con la pregunta.


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El programa de sedes similares previsto, sin embargo aparentemente está detenido. ¿Razones? Es de suponer que las de siempre, las que conspiran para que se detengan excelentes programas de trabajo, comenzados y detenidos, como otras tantas veces en Venezuela. Valdría la pena preguntarse, además, las razones por las cuales no se ha procedido de la misma manera ejemplar, como en Maracaibo, para el caso de Caracas.

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