martes, 3 de junio de 2014

Diálogos

Debates con participación profesional y comunitaria en el Musarq. 2013

La capacidad de dialogar lleva consigo la capacidad de escuchar e implica la posibilidad de colocarse, aunque sea brevemente, en la piel del otro y de percibir por un momento, las otras razones, la otra perspectiva del mundo, del acontecer y de los conflictos. Por lo tanto diálogo implica la indispensable actitud crítica de franqueza y de sinceridad, que puede ser dura y amarga, pero también sin dejar nunca de un lado capacidad de autocrítica.

Sobre el diálogo y su significado se ha escrito mucho. Desde Platón y Aristóteles hasta los modernos y contemporáneos como Gadamer y Habermas, una posible  teoría del diálogo ha sido tema de investigación y estudio.  Lo esencial, el eje fundamental del asunto dialógico, es que siendo la humanidad una especie social ineludiblemente comunicativa, el diálogo es un instrumento operacional indispensable para su existencia y evolución.
   
¿Qué se opone a la fructífera práctica del diálogo en una situación como la de Venezuela 2014? Por una parte, para decirlo con toda franqueza, hay la idea, (en realidad más que una idea, la convicción ideológica) de que Venezuela está dominada por un régimen dictatorial y que cualquier participación en un diálogo con el Estado o con alguna de sus instituciones públicas contribuye a avivar y a fortalecer una sensación que desmiente lo anterior, esto es, de que en cambio constitucionalmente hay importantes espacios abiertos y democráticos. Por el otro lado, la fuerte diatriba que opone la conservación reaccionaria al proyecto de emancipación, convence a muchos en el poder de la imposibilidad y más que eso, de la inutilidad, de todo contacto con el adversario. Ambas tendencias, de sustancial contenido político, adversan la posibilidad de darle un “chance a la paz” que siempre se nutre de la permanencia de la comunicación.

Debates con participación profesional y comunitaria en el Musarq. 2013

En el MUSARQ estamos convencidos de que es preciso hacer todo lo posible para establecer, dentro de ciertas reglas comunes, las condiciones para el diálogo como entorno cultural permanente generalizado, tocando las correspondientes áreas específicas. ¿Cuáles son esas reglas? En primer lugar la de que el Museo es Nacional, luego, que es de todos los ciudadanos. En segundo lugar, la de que los temas que admiten y exigen debate (diálogo de ideas) en el Museo, son los que conciernen a la arquitectura y a la ciudad. Igualmente estamos convencidos de que es absolutamente indispensable intercambiar conocimientos con intenciones de crítica constructiva y participativa, para elaborar una sana visión de la mejor arquitectura como cultura, para Venezuela.  A partir de estos puntos que suponemos comunes a todos los ciudadanos, nos hemos trazado la línea de una agenda de reuniones y debates lo más amplia posible. En honor a la verdad, la resistencia a la participación ha sido, hasta ahora, muchísimo más fuerte  por parte de la primer bando, que del segundo, es decir más por parte de quien piensa que dialogar en una institución del Estado es hoy una contribución a desdibujar una imagen preconcebida de dictadura omnímoda y omnívora.

En el MUSARQ lamentamos esta constatación, pero  ella tampoco nos impide que sigamos adelante con nuestros programas de trabajo. La práctica que hemos desarrollado con constancia en las últimas sesiones de trabajo, en nuestra todavía corta existencia, han demostrado con los hechos lo correcto de la línea de desarrollo cultural que hemos estado aplicando: abierta confrontación de ideas, atención a lo realmente prioritario de lo que acontece en el país y en el mundo, defensa de una arquitectura que enriquezca a la ciudad y sea respetuosa del ambiente, y de su necesario carácter social y comunitario.

Debates con participación profesional y comunitaria en el Musarq. 2013

En el futuro, con permanencia ya asegurada de una institución como el MUSARQ, se sabrá a quien darle la razón, a quienes se oponen al diálogo y pretenden ignorarlo o a quienes, como nosotros, que lo plantean como requisito indispensable para el ejercicio de la democracia.
  

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