jueves, 25 de septiembre de 2014

¿Quién le teme a la buena arquitectura1?

“La revolución será urbana o no será“. Henri Lefebvre, 1968

Si la construcción del espacio, arquitectura y urbanismo, es traducción inevitable de lo social, esto es, de programas funcionales para la vida, debería entenderse fácilmente que arquitectura y urbanismo son parte también de una visión Política. Simplemente: cuando se construye se hace también política. Porque es política manifestar una determinada manera de concebir las relaciones sociales, una forma determinada de entender el mundo y sus contradicciones, una modalidad determinada de aceptar, rechazar o proponer modelos de comportamiento social. Y la arquitectura, en la realidad urbana de todos los días, traduce y concreta todo ello.


Ahora, cómo hacerlo. Cómo hacer que se entienda el papel político de la construcción del espacio, arquitectónico o/y urbano. La historia nos enseña (algo, por fin) que ha sido necesario el protagonismo de algunos líderes de la política pública para que se programaran soluciones coherentes. Desde el Papa Sixto V, a Napoleón I, al Barón Haussman, hasta Mitterrand, ciudades como Roma o Paris se rediseñaron según directrices o en ellas se construyeron obras de extraordinaria trascendencia pública, con una perfecta comprensión de que con el diseño del espacio se está proyectando una imagen específica en la conciencia pública, de una forma de vivir en colectivo. Deberíamos preguntarnos si es indispensable, entonces, el rol decisivo de un individuo con poder para que se le otorgue a la construcción del espacio, de manera coherente, su rol constructivo en lo social. El presidente Maduro, por ejemplo, en una escala completamente diferente pero no por ello menos significativa, al declarar acerca de la “Bases de Misiones”, que los conjuntos residenciales en los cuales se instalarán las Bases, “no deben sufrir deterioro en su belleza, en su estética2, también asume un papel semejante. Está reconociendo que cómo construir produce sus consecuencias y afecta al comportamiento social hasta en el disfrute estético. Cree en eso, de otra manera no lo diría. La tan mencionada “voluntad política” parece ser, entonces, indispensable para que se desencadenen los mecanismos de la acción práctica. ¿Pero no debería haber, en cambio, (o también) una presión popular, cívica, de conciencia ciudadana competente, que democráticamente, desde las bases sociales, impusiera el uso y el respeto por un instrumento tan eficiente como la buena arquitectura, para poder impulsar un decente proyecto de vida en común? Pues, debería. Pero esa conciencia ciudadana si no la hay (y hasta ahora en un medio social tan distorsionado como el nuestro, no la hay, por lo menos a suficiencia) el papel del individuo (con poder de decisión) sigue siendo fundamental. 

Conclusión. Nuestros dirigentes políticos, a todos los niveles, desde los voceros de los colectivos, hasta las cumbres ejecutivas ministeriales, pasando por ese nivel tan determinante como es el de los Alcaldes, deberían aprender a utilizar el instrumento político de la construcción del espacio, con la buena arquitectura, pues hasta ahora no se ven sino oportunidades desperdiciadas. Y esto no es cuento nuevo. El siglo pasado rebosa de episodios malogrados.

La buena arquitectura sirve para vivir mejor. Y la buena arquitectura la hacen los buenos arquitectos. Con ella, se puede ayudar a construir una sociedad razonablemente más feliz.

¿Podríamos pedir algo más útil?
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[1] Con “buena arquitectura” no queremos referirnos, graciosamente, a la arquitectura “bonita”, superficial y decorativa, que se supone hacen los arquitectos, según una interpretación muy popular. No. Nos referimos a la buena arquitectura, fruto sí del talento pero sobre todo del estudio, de la responsabilidad, de la pasión por un arte y una técnica que han dado enormes contribuciones a la sociedad, con notables valores patrimoniales inmortales, pero también con una enorme multitud de obras más modestas, de una racionalidad calculada y una estética comedida, que han conformado la vida urbana de la humanidad.  

[2] en Venezolana de Televisión, 22 septiembre 2014.

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