martes, 2 de septiembre de 2014

Sentarnos a reflexionar

“Las Estrellas”, Givors, Francia, 1974-1982, Jean Renaudie

En el Musarq hubo debates todas las semanas durante meses. Acompañando a la exposición sobre la Gran Misión Vivienda, el ejercicio crítico fue el centro de la atención del público. No se agotaron todos los argumentos porque el tema de la vivienda popular es demasiado amplio, tiene demasiadas aristas, es demasiado vivo y dinámico como para declararlo cerrado.

Por el contario, de algunas conclusiones derivadas de esa reflección colectiva, se ha abierto un vasto campo de análisis y de estudio. Hay en ello involucrada una secuencia lógica que no es posible eludir.

Si admitimos como presupuesto básico que en la tarea pública de resolver el problema de la vivienda, el punto de partida debe ser: la vivienda no es la vivienda aislada, sino la vivienda más todos los componentes necesarios para que ella funcione como organismo urbano, si la vivienda es hábitat, entonces hay que ser coherentes. Para decirlo de una manera resumida y simple: no a los dormitorios-depósitos, sí a los “condensadores sociales”1. Los primeros pertenecen a una situación de extrema urgencia que obliga a establecer prioridades excluyentes: esto sí, y ya, lo otro será para más adelante. Los segundos están inscritos en una ideología de la ciudad que abarca a la vida comunitaria urbana en toda su complejidad y plenitud.

Si la vivienda, como decíamos, más allá de ser recurso físico inmediato, es sobre todo un instrumento de emancipación social, de elevación (y maduración) de nivel y de calidad de vida urbana, entonces su inserción en el plan político nacional debe ser necesariamente considerada a partir de ese objetivo. Al justificado orgullo patriótico de que hayamos sido capaces de producir 600.000 viviendas en un tiempo récord –una tarea inconcebible si la observamos desde la realidad de nuestras viejas y nuevas penurias- hay que añadir la satisfacción de poder colocar ahora a la vivienda en un marco tipológico digno de las más altas aspiraciones urbanas modernas.

“Las Estrellas”, Givors, Francia, 1974-1982, Jean Renaudie


Como se dijo en uno de los debates, la clase media venezolana, que vive en conjuntos residenciales suficientemente buenos, pero exclusivamente de vivienda, debería envidiar a las nuevas viviendas populares insertadas en los cascos urbanos de las ciudades venezolanas. En esos “urbanismos” la vida social, mucho mejor, justamente, que en los edificios de la clase media, halla todos los requerimientos útiles y necesarios para su desarrollo, todos los servicios, pero especialmente todos los equipamientos que son esenciales para que hombres y mujeres, niños y adolescentes, adultos y viejos, dispongan -en una perspectiva revolucionaria- de espacios funcionales para la promoción del trabajo, de las actividades domésticas, de las relaciones intercomunales, de la salud, del esparcimiento, de la educación, de la cultura y del ocio.

¿O no es así?
Si no es así, como ciudadanos políticos, habitantes de la “polis”, deberíamos sentarnos a reflexionar.

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[1] Para ayudar a entender la construcción teórica: cuando se habla de “condensadores sociales” se está refiriendo a una tipología urbana cuya mejor definición que se ha dado históricamente en una larga secuencia de ensayos. Desde las viviendas colectivas, los “falansterios” de los utopistas del siglo XIX, hasta las viviendas obreras de la revolución soviética, las casas comunales suecas de los años 30, las “Unidades de Habitación de Tamaño Adecuado” de Le Corbusier y las “Estrellas” del gran (y poco recordado) arquitecto francés Jean Renaudie. Todo un proceso indispensable de experiencias, una gran reserva de errores y de aciertos, de enorme utilidad para el diseño actual, en nuestras condiciones.
 


1 comentario:

  1. Lo cotidiano de un asunto tiende a banalizarlo, poor lo que es necesario tomar distancia, de vez en cuando, para poder reinterpretar el asunto y tomar perspectiva. El de la Vivienda es uno de ellos, pues no sólo se trata de la necesidad de tener un techo sobre la cabeza y dar espacio a las actividades propias de la intimidad, individual o familiar, sino que plantea la forma en que entendemos y desarrollamos la vida en comunidad, con las consecuentes influencias en el desarrollo de nuestro propio espíritu como individuos. Nunca será tema cerrado, pues una sociedad que permanece en constante crítica/reflexión, es una sociedad que evoluciona

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