martes, 7 de octubre de 2014

Moshe y Fruto


Moshe Safdie, Habitat 67, Montreal, Canadá

Moshe Safdie, el famoso arquitecto, autor del también famoso conjunto habitacional prefabricado, en la Exposición “Hábitat” de Montreal, del 1967, acaba de hacer unas declaraciones realmente contundentes en el “World Architecture Festival 2014” que se acaba de celebrar en Singapur.“La moda de los rascacielos y de la privatización de los espacios públicos está creando ciudades que no son dignas de nuestra civilización. Pienso que debemos reflexionar: nuestros instrumentos de planificación ya no son adecuados. La forma como hemos planificado en el pasado ya no es efectiva. Los arquitectos hoy están obsesionados con el diseño de torres aisladas, ésta es la nueva tipología, un “cluster” de rascacielos de uso mixto sobre plataformas cada vez más privatizadas de centros comerciales. Ello está conduciendo a ciudades desconectadas en las cuales la noción de espacios compartidos está erosionada. Pienso que la mayor parte de la vanguardia de nuestra profesión hoy se preocupa sobre todo con la arquitectura-objeto. Con ello no se hace ciudad. Mientras no resolvamos esta paradoja seguiremos produciendo lugares urbanos descoyuntados y desconectados que no son dignos de nuestra civilización. Pienso que lo que le está ocurriendo al espacio público es que los bloques aislados de gran altura no resuelven la tarea de construir bloques realmente urbanos. Ellos no contribuyen a la ciudad interconectada que conocemos históricamente. Y ello nos plantea problemas extraordinarios que exigen respuestas.”


Su condena de la arquitectura del espectáculo1, enganalada con las obras, todas “excepcionales” de los arquitectos del “star system”, es sin duda una excelente contribución al lento proceso de recuperación a que la arquitectura globalizada está siendo sometida. Después de las locuras, de los fuegos de artificios y de las piruetas estructurales con las cuales se satisfacían las ambiciones de banqueros, inversionistas y políticos del mundo industrializado y petrolero -y también del otro mundo, el de la China, que era subdesarrollado y que está ahora en la cima de la ola del más gigantesco cambio urbano que se ha dado hasta ahora en la historia del mundo- después, decíamos, de todo el alboroto espectacular de los últimos veinte años, hoy está de moda regresar al sentido común, a la modestia de lo razonable: las crisis no son cuentos de izquierdistas, tienen sus poderosos condicionantes.

Pues bien, excelentes declaraciones las de Safdie. Mucho más cuando lo que recomienda es trabajar la escala urbana abandonando el sistema de torres o rascacielos como acontecimientos aislados, para asumir más bien la trama densa, interrelacionada y coherente de la ciudad compacta. Lo que ha propuesto, vean bien, en algunos de sus proyectos recientes, viene a ser una suerte de desarrollo de lo que había logrado realizar en el magnífico conjunto de Montreal.2
  
Y entonces es cuando uno se detiene a reflexionar. Y es cuando uno recuerda el conjunto habitacional, “Árboles para Vivir”, construido en el 1994, en Lecherías, Puerto La Cruz, diseñado por nuestro querido maestro Fruto Vivas.


Fruto Vivas, Árbol para Vivir, Lecherías, Edo. Anzoategui

Magnífica ocasión de rescatar y volver a colocar en la luz de la crítica una obra de extraordinaria importancia que, en cambio, por diferentes razones, todas mezquinas, ha pasado a ubicarse en el campo de lo que poco o nunca se menciona, y si se menciona es por negarle valores. Los tiene, en cambio, y muy grandes. Hubo comentarios que vale la pena recordar:“Lo importante, lo verdaderamente esencial es medir las consecuencias existenciales de poder vivir en un acontecimiento espacial y volumétrico tan exaltante y tan audaz como este “árbol” de Fruto. Hay que comprender que este edificio es un corte histórico, antes y después. Más que un edificio, es una proposición distinta de vida urbana. Más que un “lego” montado en unas patas, es la demostración de factibilidad de la inteligencia radical, de la racionalidad inventiva, es un rechazo a las pequeñas jaulas de las costumbres y de los lugares comunes. Frente a él no hay excusas. A partir de él es posible concebir otra arquitectura y otra ciudad. El “árbol” de Fruto podrá tener inconvenientes, podrá tener defectos, está lleno de preguntas y de dudas, pero abre generosamente las puertas inmensas de la imaginación y del ingenio, descubre espléndidos caminos que la rutina ha ocultado tercamente, instala la utopía en la realidad y por ello nos hace a todos culpables de desidia y de indiferencia.”

Hoy, cuando Moshe nos llama a una arquitectura de otra escala y de otra forma de vivir, vale la pena recordar esta obra, inmensamente precursora. Saquemos consecuencias.

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[1] El propio Safdie, sin embargo –vean lo complicado y contradictorio que es el mercado de la arquitectura internacional- acaba de diseñar un increíble conjunto de torres en la ciudad de Chungking, (Chongqing, China) que por sus características dimensionales, sus empaque monumental y sus pretensiones futuristas de ciencia ficción, contradice radicalmente todo lo que acaba de declarar frente a los arquitectos reunidos en Singapur. Si quieren comprobarlo, entren en el blog msafdie.com , y busquen en los proyectos, Chongquing Chaotianamen.
[2]  Una buena documentación, en el blog citado pero también en dezeen.com , 4 de octubre 2014. 

[3]  El fruto del genio, J.P.Posani, periódico Arquitectura Hoy, 30 Agosto 1996, también recogido en Diez años de pensamiento crítico, p.540.


1 comentario:

  1. Decìa Moshe Safdie durante la Expo Universal de Montreal 67 sobre sus mòdulos clusters: .." El objetivo de este proyecto es reaccionar contra la monotonìa anònima y agresiva de casi todas las propuestas de industrializaciòn constructivas realizadas hasta hoy dìa.." haciendo referencia plenamente a la singularidad tècnica del proceso de ensamblaje , quizàs el espìritu incial de su obra si compagina con la pretensiòn de sus ùltimos mega proyectos, aùn cuando contradice con la postura que asume en materia urbanistica, para con los edificios como indispensables objetos de su paisaje. Seguramente el àrbol de lecherias , al menos podria descifrarse visualizandolo como una reacciòn, tambièn, a la monotonìa ya ni anònima y agresiva de casi todas las propuestas de concepciòn arquitecònica, que aùn tiempo despuès, siguen hacièndose.

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