martes, 4 de noviembre de 2014

¿Cómo somos?

Estudio América, Museo de la Memoria, Chile
El escritor argentino Ernesto Sábato le pregunta al escritor chileno Jorge Edwards por las diferencias entre argentinos y chilenos. Contesta Edwards, Chile es más ordenado, más ortodoxo en sus soluciones económicas, más previsor que Argentina. Porque Chile es un país más difícil, obligado a trabajar la tierra y el mar, y sometido a catástrofes naturales constantes. Los chilenos están obligados, por su geografía, a ordenarse y a trabajar bien para subsistir. Los argentinos, en cambio, “pueden descansar en una hamaca mientras el ganado engorda”. Sabato añade que en una casa rica, como Argentina, los jóvenes pueden salir de farra sin mayores consecuencias, mientras que en una casa pobre, por el contrario, todos están obligados a trabajar y a participar en los gastos. Chile ha tenido que ser, concluyen, por su historia misma, un país ordenado, razonable, equilibrado y sobrio. Los adjetivos, con relación a Chile, siguen fluyendo: la gente es pragmática, la clase obrera es de calidad, hay sentido de las proporciones. Un país pequeño pero inteligente, confiable. La casa chilena sigue siendo ordenada y hospitalaria y, a pesar de que por momentos hay rabiosos que tiran piedras, la cordura termina siempre por dominar. 


Causas o razones: la naturaleza de los duros desafíos chilenos en contraste con las facilidades de  vida de los argentinos. Siendo los chilenos agricultores y mineros, que arriesgan y apuestan, “se encaraman en terrenos escarpados, y  son navegantes y exploradores”, deben forjar modos de vida que, endureciéndolos y disciplinándolos, les permitan sobrevivir. 

Jimmy Alcock, Altolar,Caracas

Muchas observaciones podrían añadirse. Comenzando por preguntar en qué altar de sobriedad y de equilibrio chilenos pondremos los retratos del general Augusto Pinochet. O dónde queda, en términos de cordura pragmática, el suicidio del presidente Allende. Pero dejemos eso de lado para no entrar en demasiados detalles. Ni tampoco para recordar historias personales de gente tan educada, culta y creadora como Jorge Edwards. Queda firme, sin embargo, lo esencial: los grandes mecanismos ecológicos-culturales que moldean a los pueblos y los orientan de diferentes formas según la evolución histórica y los nichos relativamente cuadriculados que constituyen las clases sociales.

Hace unas pocas semanas Luis Brito García 2 parecía proponer definir cómo somos los venezolanos. Sus definiciones quizás sea mejor verlas como unas preguntas dirigidas a todos. ¿Cómo somos? ¿Y cómo llegamos a ser cómo somos? Muchos son los adjetivos que se nos ocurren y se nos han ocurrido, durante siglos, para contestar estas preguntas. Interesante sería recopilar el largo recorrido de apreciaciones, de auto-apreciaciones, que desde muy al inicio del “descubrimiento” nos hemos endilgado. Nada más al coleccionar los adjetivos con los cuales nos hemos caracterizados, podríamos descubrir las razones de los juicios y de los diferentes puntos de vista, cada uno estrictamente colocado en sus razones de clase. Podríamos además seguir la evolución de esos juicios. La evolución que siguiendo los cambios de la economía productiva, del régimen de propiedad, de las formas de consumo y de las modalidades formativas en la educación, ha sellado la manera de cómo nos hemos visto y, desde luego, de cómo nos vemos ahora. 

Una conclusión resulta extremadamente evidente: con un aparato parecido a como ocurre con el caso chileno, pero en sentido inverso, y en forma mucho más explayada que con los argentinos, el petróleo nos ha habituado a crear alguna cómoda forma de ciudadanía sin tener que trabajar para ello. La economía rentista es poderosa, dicta normas, consolida comportamientos y formas de pensar. Hasta de sentimientos políticos es responsable. 

Ningún nuevo descubrimiento. Los sociólogos podrán objetar el poco sustento científico en conclusiones de tertulias de sobre mesa como las de Edwards y Sabato. Pero no podrán objetar lo esencial: son ciertas. Y en el caso venezolano, no cabe duda que las preguntas de Brito nos ponen frente al espejo. Si queremos salir de los atolladeros en que nos hemos metido, lo primero que tendremos que hacer es decidir decirnos la verdad y a encarar nuestra imagen. 

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[1]   En el blog de Jorge Edwards, 30 octubre 2014, “La casa chilena
[2]   Luis Brito García, Somos así, aporrea.org, 20.09.2014


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