martes, 28 de abril de 2015

No es lo que parece


No es un tema tratado con frecuencia o profundidad. Sin embargo toca un argumento que por sus implicaciones puede abrir accesos novedosos a la comprensión del comportamiento colectivo de una sociedad tan determinante en el mundo actual como lo es la norteamericana. Es el universo de cosas que en el gran mercado USA, mercado obsesivo, omniabarcante, compulsivo como probablemente ninguno otro en el mundo, aparecen siendo cosas que no son. Es un fenómeno que tiene especial relevancia en el campo por demás bien extenso de la construcción.

En los millones de casas, construidas y en construcción, que constituyen la esencia de la periferia, la realidad de los suburbios de la clase media gringa, los materiales utilizados, interna y externamente, pretenden, en general, una apariencia que no se corresponde con su verdadera estructura física. Parece mármol, madera, arcilla o piedra pero es plástico. Parece vidrio pero es acrílico. Parece un muro sólido pero es dry-wall. Toda una industria del "fake" se concentra en este inmenso panorama arquitectónico en el cual kilómetros y kilómetros cuadrados de fachadas crean la ilusión de ser otra cosa de lo que son realmente.




Un mundo muy cercano a las transposiciones animales-humanos a que nos tiene acostumbrados Walt Disney. Ahí también parece ocurrir el mismo fenómeno: los personajes parecen pero no son. Por otra parte no es sólo en la construcción donde abunda esta escenografía de la apariencia. En el campo de la decoración interior, en los muebles, en el de los accesorios para mujeres, en el de la joyería, se repite lo mismo. En el mercado gastronómico también son muy frecuentes las mantequillas, los aceites, los panes,etc. que dicen ser lo que en realidad no son, gracias a una elaboración química de gran sofisticación. Esta gigantesca dedicación a la falsa apariencia, curiosamente no constituye una trampa o un engaño. Es un mecanismo legal y bien visto. Todo lo contrario: haber logrado aparentar algo con éxito, se toma con satisfacción, casi con el orgullo de haber logrado una acción respetable y necesaria. El disfraz que con enorme difusión, viene a ser la apariencia absolutamente individual de respetables ciudadanos, tal como en los dibujos de Saul Steinberg, tan ácidos y certeros, disfraces de cowboys, de superhombres o de insólitos adefesios, confirman la universalidad de esta tendencia a aparentar, en la sociedad gringa.



Desde luego, este gigantesco mecanismo del "fake" acompaña la otra realidad socio-productiva que con él se entreteje fuertemente. El mundo de la infraestructura norteamericana es un mundo que se apoya en una concepción extremadamente firme de la solidez y permanencia de lo que se usa y consume. La abundancia y exceso de dimensiones y calidad, desde las láminas de acero en el borde de las aceras hasta los calibres de los metales en las estructuras, el derroche de material empleado en la conformación del entorno físico urbano, chocaría frontalmente con los criterios de ahorro de material del maestro Fruto Vivas. Así, pues, dos maneras de manejar las cosas conviven en la sociedad gringa. Una, la de las apariencias, y otra la del derroche. Las dos constituyen una realidad cultural, fundada, por un lado, en la abundancia tradicional de recursos y en el extraordinario desarrollo tecnológico, por el otro. Pero queda un aspecto que no deja de tener una trascendencia particular. Tanto interés en las apariencias ¿no tendrá algo que ver con un fuerte complejo colectivo de inferioridad, que la sociedad norteamericana viene arrastrando desde sus inicios? Por alguna razón donde más capitolios, cúpulas y templos clásicos se han construido, es en los Estados Unidos. Querer aparentar cultura y antigüedad, como una fórmula de prestigio social, es un mecanismo que se fundamenta sobre un evidente complejo de inferioridad. Un peligro adicional: no llamar las cosas por su nombre -y estamos hablando de mundos paralelos- es también un forma de disfrazar la realidad. Hablar de daños colaterales, por ejemplo, tal como acostumbra hacer el Pentágono ¿no es una forma de hacer aparecer, bajo otra luz, lo que es, simplemente un asesinato?


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