miércoles, 27 de mayo de 2015

Una antena y un faro


En la placita (la que llamamos Carlos Raúl Villanueva) ubicada entre la fachada norte del MUSARQ y la avenida Bolívar, ya han comenzado los trabajos para reubicar una obra de Alejandro Otero: una estructura metálica vertical con elementos rotatorios animados por las brisas. Por su altura, dimensiones y materiales va a entrar en perfecto diálogo con relación al volumen horizontal del Museo. La “Vertical vibrante oro y plata” estaba abandonada y vandalizada, casi oculta detrás de la vegetación, en la misma avenida, cerca del antiguo Hotel Hilton, hoy Hotel Alba.

La obra tiene su propia historia. Diseñada por Otero en el año 1966, estuvo colocada durante un tiempo frente al “rancho más grande de Caracas”, el Dispositivo para el funcionamiento de la mítica exposición-espectáculo “Imagen de Caracas”. Pasó después, una vez construido el conjunto Teresa Carreño–Hotel Hilton, a ser ubicada en los jardines de ese Hotel. Allí comenzó para ella la misma pequeña y miserable tragedia de todo objeto que viviendo en la ciudad sufre el enojo pesado de su atmósfera y la desidia de los habitantes. Partes de ella desaparecieron, arrancadas y cargadas en hombros como trofeos, por los vándalos de la ignorancia y de la penuria. Cuando la redescubrimos nos pareció la pieza ideal para fijar un “acontecimiento vertical”, tal como estaba previsto en el primer proyecto de la Gran Tienda de Arte (que se convirtió luego en el MUSARQ) para definir estratégicamente el punto del cruce de la avenida Sur 9, con la avenida Bolívar y la presencia del Museo de Arquitectura.

Bueno, mucha perseverancia y mucho cariño por la obra de Alejandro Otero, por el MUSARQ y por esta ciudad que tan mal le devuelve a uno el afecto, nos han permitido llegar hasta aquí: ya se va a instalar la obra de Alejandro. En esa esquina, absolutamente visible, cumplidamente restaurada y dispuesta a los vientos y a los ojos apresurados de los caraqueños que viajan, en ambos sentidos, por la avenida Bolívar.

Dos cosas vale la pena destacar, la obra es una antena y un faro. Una antena que reclama y recuerda el significado de la obra de arte en el contexto público. En una tradición artística que fue muy propia de Otero, la obra de arte, en su tecnología moderna, se integra en el espacio urbano, está hecha y pensada para ello, tiene sentido únicamente cuando está al aire libre de la ciudad. 

Y un faro: al llamar la atención hacia la valoración del espacio público con una obra de arte, ilumina una manera, por parte de las Instituciones del Estado, de cumplir con el deber de ser respetuosos hacia el ciudadano. De alguna manera, la obra de Alejandro Otero contribuirá a hacer un poquito mejor y más digna esta capital

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