jueves, 22 de octubre de 2015

Bambú



Arquitectos chinos aparecen cada vez más en las noticias del mundo de las informaciones para los arquitectos. Enhorabuena, ya era tiempo que se viera de que son capaces, construyendo, los descendientes de esos hombres inteligentes y talentosos que fueron capaces de construir varios "imperios" en su historia. Y ya se notan las diferencias culturales que marcan las distancias entre quienes se hallaron, hace cuatro décadas, con cambios trascendentales que parecían obligar a recurrir a la imitación de Occidente, y quienes, ahora, asumen la tarea de “casi” reinventar su país. 

Al comienzo, una situación preocupante. Por lo que uno podía percibir, en China se iba a repetir el error de imitar la modernidad espectacular de Occidente. Pero luego, hace pocos años, se abrió el frente de los jóvenes, y ahora puede distinguirse con mucha claridad la manifestación de querer encontrar, en otros niveles y con otros medios, una nueva arquitectura de mayor modestia y realismo, en suma, en el sendero de la identidad. Es verdad que Zaha Hadid y sus colegas desaforados siguen haciendo de las suyas para satisfacer al delirio de su ego y al de los actores de un mercado alocado y multimillonario en todos los sentidos. Pero la razón y la sensatez están prevaleciendo cada vez más y otra arquitectura, como decíamos, está tomando espacio y prestigio. Este es el caso de arquitectos de otra generación que hasta se atreven a soñar.

Entre las obras construidas, los nuevos nombres que se repiten en los éxitos y en las propuestas que se están difundiendo en los medios especializados, un proyecto especialmente radical, llama la atención. (1) Y lo hace por varias razones. Primero porque, por sus intenciones decididamente ecológicas, nos confirma una actitud inteligente y profundamente humana. Se centra en la preocupación por un mundo más humano, por una relación comunitaria distinta, en la cual prevalezcan valores de solidaridad, unos con otros, los hombres, pero también y sobre todo, con la naturaleza. Era lo que esperábamos. Pues bien, estos jóvenes nos proponen más que una arquitectura, una ciudad, totalmente verde, hecha de materiales vegetales ella misma. El bambú reaparece así, con un protagonismo excepcional y con todas sus excepcionales virtudes constructivas y estructurales. Con una increíble y hermosa visión de totalidad, nos ofrecen vistas, que implica la eliminación sin contemplaciones de lo que sentimos y sabemos como arquitectura (muros, encalados, techos, ventanas, puertas, espacios consagrados por el tiempo y las tradiciones) y nos la sustituyen por un jardín encantado, selva y paraíso, sostenido en varios planos por las estructuras tensas y delgadas de los bambúes. Lo demás es vegetación. Pura vegetación. Nada más que vegetación. Porque los cristales y los tabiques que inevitablemente deben seguir usándose para conformar espacios, no interrumpen ni alteran la continuidad del bosque verde. Maravilloso atrevimiento, estupenda ingenuidad, que supone la posibilidad de que podamos fácilmente desprendernos, aquí, en Londres o en Shanghai, de la corbata burocrática para adoptar los shorts, las alpargatas y las franelas de un mundo renovado y feliz, cuajado de brisas y perfumes. 
Claro está, es una propuesta. Y por lo tanto sus autores saben perfectamente el valor de lo que no es, en el fondo (seamos realistas) sino una preciosa provocación. 
Pero, una vez atendida la comparación entre cómo vivimos hoy la arquitectura y lo que sería la ciudad-bambú del futuro, una vez hecho el esfuerzo de imaginarnos trabajando, comiendo, durmiendo, en esa selva tropical, en ese regreso a una intimidad desconocida con la materialidad original de lo vegetal, queda una pregunta: seríamos capaces de aceptar la desaparición de “La Arquitectura”, para, como Matt Damon en Marte, reencontrar, esta vez, en ese mundo vegetal, ya para nosotros extraño y ajeno, los ligámenes, los sentimientos de lo que llamamos civilización? 
Es una invitación a divertirnos, desde nuestro trópico, con algo de imaginación. Gracias, de todos modos, a esos jóvenes, sean o no chinos. El hecho es que lo están proponiendo desde allá.

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(1) Por la información asequible, es un colectivo de arquitectos con el nombre de PENDA. Ver en DE ZEEN, 19.10.2015, “bamboo city”. Los nombres de los fundadores del equipo son los de un austríaco y de un chino. (Chris Precht, Dayong Sun). En el equipo hay otros más, chinos y europeos). La presencia de europeos no pone en cuestión lo afirmado acerca del interesante clima cultural de la arquitectura china, porque hay documentación de varios otros nombres de arquitectos jóvenes (y también no tan jóvenes), con mucha sensibilidad y talento que trabajan en la misma línea de búsqueda de originalidad y de identidad.






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