lunes, 18 de julio de 2016

Trópico y Tropicalismo


Gustave Caillebotte.  Paris 1880. En Europa el contexto es siempre la historia

Un joven arquitecto, profesor universitario, decide construir su casa, en una urbanización cerca de Caracas. Se le pregunta por la idea arquitectónica general, si la hay. Contesta que no caerá en el cliché del “tropicalismo”. 

Una afirmación que tiene graves implicaciones. Por quien la emite, un arquitecto, y por lo que presupone, desde el punto de vista de una posible teoría de la arquitectura. 

Partamos del criterio de que una teoría de la arquitectura, en lo elemental, arranca del simple reconocimiento de que la arquitectura es una “prótesis” artificial sin la cual la humanidad no puede vivir. Por rigor de lógica, está supeditada a condiciones culturales, históricas y geográfica, y que por lo tanto habrá tantas teorías de la arquitectura como situaciones colectivas humanas. 

El estudio y el análisis de la historia de la arquitectura europea, por ejemplo, ratifica que sus expresiones modernas han estado permanentemente en un diálogo –complejo y contradictorio- con su contexto. Allí la situación es, sin embargo, clara: el contexto europeo, debido a su enorme acumulación de historia, en lo esencial, es eso, la historia es el contexto. En Europa, donde tu construyas, la referencia obligatoria, por adecuación y simpatía o por oposición y rechazo, es la historia estratificada del lugar, su historia en todas las dimensiones, humanas, económicas, culturales, geográficas. 

Pasemos ahora, dando un gran salto geográfico pero no metodológico, a América. y, en especial, a esta parte de ella que es Venezuela. Debería ser evidente para todos que el nuestro no es un contexto –específicamente y con preeminencia- de historia acumulada de civilización humana, de un pedazo de artificialidad producto del hombre. En el Caribe, en el norte de Suramérica, el nuestro es precisamente, lo otro, lo que está, por otra parte, en el transfondo en todas las culturas originales, la naturaleza. “Natura” es, pues, al construir, nuestra realidad histórica. Es nuestra referencia, nuestro entorno, nuestro asunto, nuestra trama, relación y narración. El carácter y las dimensiones físicas de la naturaleza tropical es lo que ha dominado nuestra historia: ha sido y es el CONTEXTO con el cual hemos combatido, que hemos amado, con el cual nos hemos trenzado en una relación que -nada menos- nos da y nos quita la vida. 

La Naturaleza es nuestra historia. No hay escapatoria. A pesar de todos nuestros esfuerzos culturales imitativos (malogrados en su mayoría), es sobre ella, dentro de ella y con ella, que debemos construir nuestros espacios para la vida social. Nuestros posibles éxitos debemos realizarlos, con audacia y conciencia, utilizando esta maravillosa argamasa de valores y condiciones tropicales, ingredientes que están todos dispuestos para ser valorizados, para ser convertidos en los “ejemplos que cantan”, como decía Paul Valery. 

Nuestra arquitectura indígena, los patios y corredores de los alarifes coloniales, los quiebrasoles de Villanueva en la Ciudad Universitaria, son episodios de este diálogo irrefutable con el carácter de este punto del planeta en el cual vivimos. Al querido amigo, el joven que está diseñando su casa, y que está preocupado por no reiterar clichés demasiado manoseados, hay que recordarle que, para evitar o superar los clichés del “tropicalismo”, no hay otra vía realmente creativa sino imaginando justamente las más auténticas y arriesgadas respuestas al clima y a la naturaleza de este trópico milagroso. 

Hay que repetirlo sin descanso, éste es -para nosotros, por lo que se refiere a una posible teoría de la arquitectura, (recuérdenlo, profesores de las Escuelas de Arquitectura)- lo que debe ser el punto de partida: nuestra historia es la naturaleza.

En Venezuela el contexto es sobre todo la naturaleza



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