miércoles, 31 de agosto de 2016

La venganza de Calatrava



No es “la estación de Metro más fea del mundo”, como dijo el New York Times. Con absoluta seguridad es la más espectacular. Con este objeto blanco, de una blancura esplendorosa y reluciente, caído –siete años más tarde y 4000 millones de dólares más de los previstos- no se sabe cómo (o casi), en uno de los centros más concurrido de la megalópolis neoyorkina, el arquitecto Santiago Calatrava se ha vengado de todos los insultos, las acusaciones, los juicios legales que le ha propinado, además de sus propios errores, la envidia de sus compatriotas y sus colegas en el mundo. ¿Quién puede negar que su estación del Metro de Nueva York, recién estrenada -pájaro que arranca el vuelo-esqueleto pulido por el sol-espinazo de pescado- es una verdadera explosión de extrañeza, sorpresa mayúscula, asombro inesperado? Digámoslo de una vez:


un objeto tocado por la gracia de la belleza, pero de una belleza hecha de lo descomunal, de lo insólito, de la perfección del joyero. ¿Con qué derecho, se pregunta uno, reclamar el costo inusitado o el tiempo requerido para esta espinosa joya nívea que Calatrava le ha regalado (o le ha impuesto por mampuesto) a Manhattan; un artefacto, tan insólito, tan distinto a lo conocido, cruce entre catedral para cuáqueros y escenografía de ciencia ficción, que a todos los peatones comunes y corrientes, les parece maravilloso? Pero, por qué reclamarle al arquitecto español, el de los pleitos y de los atrevimientos arquitectónicos inútiles, si la sociedad norteamericana puede permitirse construir lo que sea, portaviones, satélites o monumentos, a esos precios estratosféricos y aún más? Que los gocen… que los disfruten. ¿Acaso a los papas correspondientes les reclamamos haber contratado a Michelangelo Buonarroti para la basílica de San Pedro? 

Cada sociedad tiene lo que se merece, lo que puede y le conviene. Nueva York puede exhibir ahora una obra de arquitectura asombrosa. Cariiísima, útil (sin dudas) y a la vez inútil, excesiva y desmesurada. Pero ahí está…. 

Lo que, en resumen, es importante, (para Santiago Calatrava), es que lo logró y se vengó: que sigan ahora hablando tonterías… 

Casi provoca decirle: ¡Calatrava! ¡amigo! ¡el pueblo está contigo!


1 comentario:

  1. Sin duda alguna, excelente articulo...para reflexionar, sobre todo lo referente a "si la sociedad norteamericana puede permitirse construir lo que sea" ....pero en fin... ese es Calatrava.

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