jueves, 27 de octubre de 2016

El Constructor y el Dictador



Arq. Giuseppe Terragni, Casa del Fascio, Como, Italia, 1932-36









Dos figuras. Dos personajes emblemáticos. Dos papeles en el mundo, si no opuestos, sí muy diferentes en origen y consecuencias: el Constructor y el Dictador. El primero, dedicado a su obra de construcción, de creación del espacio arquitectónico y urbano, y por lo tanto a modificar, a mejorar al mundo, siempre, necesariamente, en un sentido positivo… Y el otro, el tirano -con el sentido que le daban los antiguos a la palabra- dedica su vida a la política, y por lo tanto puede que su destino sea positivo o negativo para la vida colectiva, según el signo de sus propuestas e ideología. Pero el tirano, con el paso de los siglos, se volvió definitivamente en sinónimo de Dictador. Como se entiende fácilmente, estamos planteando otra vez la cuestión tan elaborada y discutida, de la relación entre poder político y arquitectura.

Dicho esto, y para entendernos mejor, puntualicemos y nombremos: el arquitecto Carlos Raúl Villanueva y el general Marcos Pérez Jiménez. El arquitecto, el constructor, por un lado, y el dictador, perfectamente convicto y confeso y reconocido en la historia. ¿Cuál fue su relación, si la hubo? Al fin y al cabo, la mayor obra de Villanueva, la Ciudad Universitaria de Caracas, pudo realizarse bajo la dictadura de Pérez Jiménez, (y con su respaldo económico). ¿De qué manera, entonces, CRV interpretó el papel y el significado de lo que estaba diseñando, en relación con el campo más amplio e inclusivo, de las obras de la dictadura? 

Poder y arquitectura. Podríamos referirnos a innumerables casos destacados de esa compleja relación. La historia está llena de detalles y anécdotas. Desde los faraones egipcios y las ironías en los croquis secretos de los constructores de las pirámides, hasta la figura ambigua de Albert Speer, al lado de ese monstruo que fue Hitler, pasando por la historia de los papas, de los reyes, de los emperadores de todas las épocas y regiones, hasta Mitterrand en el reciente siglo pasado. Y siempre está presente ese doble ligamen entre quienes, en el fondo, tratan de construir para mejorar la residencia del hombre sobre la tierra, y quienes, generalmente (pero no siempre) desde la derecha y el oscurantismo, imponen su voluntad de dominio con políticas de su conveniencia. Todo ello, para complicar enormemente las cosas, aderezado con fortísimas dosis de egos y de adulación. Y caemos en lo confuso de nuestra cercanía: Pérez Jiménez y Malaussena. 

En cambio, con Villanueva el relato se hace muy claro. CRV sabía perfectamente que se trataba de una dictadura. Al ponerse el dedo índice frente a la punta de la nariz y haciendo sh, sh, sh con los labios, indicaba que los comentarios políticos se estaban haciendo en tono muy alto y que las paredes escuchaban… y que a uno lo podían poner preso por estar opinando. Pero, más allá de la anécdota, más importante es destacar que en calladas conversas con sus colaboradores, siempre insistía: ésta (la Ciudad Universitaria) es una obra para siempre, para Venezuela, no para este régimen, que ya pasará. 

Tiene perfecta razón, pues, la periodista Faitha Nahmens, en un comentario que puede leerse provechosamente, [1] al señalar que “Villanueva era de la idea no acomodaticia, no cómplice, no ambigua, de que los gobiernos pasan, las obras quedan”. 

La razón da bandazos, busca donde aferrarse, entre escollos morales y disyuntivas prácticas. Entre las exigencias de la realidad cotidiana y la presión de los principios. Entre la supervivencia y la esperanza, la conducta del constructor, del arquitecto, halla una inmensa dificultad para escoger entre el valor de la obra y lo áspero de lo cotidiano, entre lo que se debe y lo que se puede. 

Es una lucha que se lleva a cabo sobre el filo del cuchillo, entre dos abismos. 

Y, por supuesto, tampoco es necesario personalizar ambas figuras: el arquitecto podrá ser siempre el arquitecto, como individuo, pero el Dictador puede ser simplemente una política, un programa determinado, una inclinación pública hacia uno de los lados de la historia, un régimen. Vale la pena recordar aquí un episodio, altamente dramático y poco conocido en Venezuela, que reseñaba, hace unos meses, Kenneth Frampton en sus clases en la Universidad de Columbia. Muchos arquitectos jóvenes creyeron en el poder de rescate y de modernidad que aparentemente constituía, en los años 30 del siglo XX, unos de los atractivos del movimiento fascista en Italia. Creyeron que apoyando al fascismo (hasta Le Corbusier lo creyó) podrían imponer, en lo público, a la arquitectura moderna y al nuevo urbanismo racionalista. Sus nombres: Giuseppe Pagano, Edoardo Persico, Giuseppe Terragni, Adalberto Libera, Gian Luigi Banfi y otros más. Sus obras: muchas, viviendas, escuelas, mercados, estaciones, instituciones públicas, pero la más famosa ha sido la “Casa del Fascio” en la ciudad de Como, obra del más dotado entre sus compañeros, Giuseppe Terragni. [2] Pero él, así como los demás, poco a poco, tuvo que descubrir el engaño que ocultaba el verdadero rostro de Mussolini, la realidad perversa del fascismo. Pasaban los años, se multiplicaban las decepciones, aumentaba el rechazo y la sensación de catástrofe. Se hundía el Eje nazi-fascista en la derrota en la segunda guerra mundial. La realidad tuvo más peso que las ilusiones. Tuvieron que reflexionar, tuvieron que cambiar de opinión, y del apoyo pasaron al trabajo político y armado clandestino. Algunos de ellos, Persico y Terragni se volvieron combativos antifascistas y antinazi, pasaron a la militancia clandestina y el propio Giuseppe Pagano, el director de la moderna y célebre revista “Casabella”, murió, prisionero y torturado, junto con Banfi, en los campos de exterminio nazi. Es un cuento triste: de la ilusión a la decepción, de la hermosa esperanza de una vida nueva a la derrota de la muerte. Y en las acciones, en las palabras, en las opiniones de esos jóvenes, amparados en su identificación con una perspectiva idealista, hay que reconocer la intensidad de la sinceridad, antes y después. Es un cuento muy triste, pero también, en esta época de paralelismos, y salvando las distancias, una profunda lección de responsabilidad, de honestidad y de humanismo.

[1] Tiempos de dictadura…Carlos Raúl Villanueva, un renacentista que venció las sombras,  Naitha Nahmens, elestímulo.com, 2016

[2] Luis Fernández Galiano :“Giuseppe Terragni (1904-1943), el más grande arquitecto italiano moderno…(con) una obra de singular intensidad artística cuyos íntimos vínculos con el fascismo han sido fuente permanente de incomodidad crítica…


Giuseppe Terragni (1904-1943)

Giuseppe Pagano (1896-1945)







                        
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