lunes, 9 de enero de 2017

Para el optimismo: tres razones


foto robada a Donatella y Raul Grioni


En los comienzos de año se acostumbra, por razones que deben estar bien arraigadas en el alma de las tradiciones humanas, hallar nuevas razones de optimismo. En realidad es más el deseo de imaginar un futuro con perspectivas distintas a las del pasado, son más ilusiones, bien justificadas, que hechos sobre los cuales colocar alguna certeza de mejoramiento. 
Lo cierto es que, mirémonos alrededor, en el país y en el mundo no parece que haya mucho que esperar de la humanidad. Las mismas guerras, las mismas atrocidades, las viejas contiendas de siglos renovadas y actualizadas. Las mismas penurias, las mismas miserias, estupideces y falsas glorias instantáneas. Los mismos errores garrafales que únicamente enardecen la decepción. Un mundo que ya podría haber encontrado la senda de un auténtico desarrollo humanista, labrado con la armonía de la ciencia y de la tolerancia, con los argumentos supremos de nuestra soledad en el cosmos y de la urgencia de comportarnos por fin como seres inteligentes. 

Nada de eso.

El mundo sigue igual, por el momento.

Y mejor no hablemos de nosotros, de quienes vivimos en esta Tierra de Gracia. Todas las manifestaciones de la realidad concuerdan en pruebas que parecen hundirnos en un pozo negro de desencanto y pesimismo. Pero es por ello que, a contrapelo y en discordancia con lo que parece indiscutible, quisiéramos proponer, en este comienzo de año 2017, una visión diferente, por más que parezca construida con demasiados elementos de la voluntad y de la sensibilidad. 

Es rápido decirlo: un país que puede producir tres hombres, en tres atmósferas históricas diferentes, como Reverón, Villanueva y Dudamel, debe tener en su seno un reservorio insospechado de “recursos” de esos que ahora se llaman “humanos”, que atienden a la precisa especificación del Talento, que no es otra su dimensión.

Porque de talento, puro y claro, milagroso, en grandes cantidades escondidas en tres historias personales bien diferentes, es de lo que hay que hablar cuando se habla de estos tres seres, venezolanos de esencia profunda y genuina. Talento que es capacidad de creación, de cambio y de audacia... Y así como el talento se expresó y se expresa en ellos, por simple regla matemática o estadística -la que acabamos de inventar- debe seguir estando vivo y regado en este pueblo. Porque es a él, al pueblo, que hay que referirnos. Estos hombres excepcionales, Reverón, Villanueva, Dudamel, pintura, arquitectura y música, en tres escalas distintas, son indicios de que existe una capacidad soterrada, un humus creativo generalizado, una sabiduría común, que difundida como en una dialéctica de movimientos colectivos interconectados puede conducir a un insospechado rescate colectivo de la más profunda fibra humana. Las supernovas explotan porque hay una galaxia que las nutre. Y las personalidades excepcionales no surgen de la nada: nacen gracias a un territorio cultural y anímico que los circunda y los sostiene. No se diga que esas son expresiones artísticas, que nada tienen que ver con la dura y fatigosa experiencia política y social… Lo importante es darse cuenta de la existencia de un interesante tejido de experiencias difusas en los diferentes estratos sociales. Difícil de medir, pero que existe. Y por una vez, pues, reconozcamos, contra los creyentes en los férreos mecanismos de la economía política, que la creación artística también puede encadenar cambios en los comportamientos sociales. Las manifestaciones artísticas, como en el arte prehistórico o en la corte de los Medici, revelan conexiones, misteriosas pero reales, con la acción política, con la “weltanschauung” de los eruditos, que no es sino la “cosmovisión” colectiva del hombre común. 

Resumiendo y en definitiva, un pueblo que es capaz de producir tales dosis de talento “natural”, no puede ser que se deje ahogar en un teatro político miserable, que se deje convencer por la erosión dulzona de la corrupción, que se deje ahogar en la ignorancia o apabullar y entristecer en unas colas infames. Puede ser ésta una ilusión, una esperanza. Pero también es un convencimiento. 

Tres razones, pues, para el optimismo. Que es una vía de liberación.

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