lunes, 10 de julio de 2017

MAD y Kéré, Donde el camino se bifurca

MAD, Museo Lucas en Los Ángeles


Como dicen que decía Picasso, el arte se hace sobre el arte. No nace de la nada o de cero. Sino que se construye sobre el acumulado histórico. Eso pasa también con la arquitectura, y no es recomendable perder de vista el contexto internacional, que existe y tiene innumerables vínculos explícitos o no tan explícitos, entre sus corrientes, intereses, personalidades, medios comunicacionales y de información, y discernir lo que nos afecta, lo que merece ser estudiado y lo que nos daña. No nadamos en el vacío. Por el contrario, vivimos en la periferia, pero el contexto internacional nos afecta en miles de formas y maneras, groseras o sutiles. Aunque seamos dotados de una percepción autónoma, antieurocéntrica, o, por ello mismo, es preciso tener un punto de vista y una opinión sobre lo que ocurre. 

La arquitectura moderna ha evolucionado desde su invención por golpes y tanteos, desde la etapa luminosa de los llamados grandes maestros (Wright, Corbusier, Mies van der Rohe, Alvar Aalto), desde la etapa de una modernidad centrada en la personalidad única y vanguardista de unos pocos creadores, hasta la plena difusión como cliché internacional, al desafortunado posmo, al breve deconstructivismo, y, ahora, a la arquitectura neo-barroca y neo-rococó, que es lo que es, en el fondo, con su gigantesca metáfora urbana del capitalismo globalizado y decadente. Y en esta etapa actual, constatamos dos vertientes, dos maneras completamente contradictorias de incidir en el diseño del espacio. 

La comparación entre estas dos corrientes, se ha repetido varias veces en este blog. Y por supuesto, se ha tomado partido. Volvamos a hacerla, una vez más. El asunto se centra en diferenciar entre la arquitectura de la inteligencia humanista y la de la frivolidad decadente. La primera, modesta y sensible, responsable por sus relaciones sociales y estéticas, consciente de la primacía de los determinantes ecológicos locales. La segunda, al servicio de los caprichos de un mercado financiero, abstracto e irresponsable. Dispuesta a hacer lo que sea con tal de conquistar la complicidad del capital y de satisfacer los egos gigantescos de los inversionistas y de los propios arquitectos-artistas. 

Para la primera corriente, hasta ahora relegada pero creciendo cada vez más, hemos escogido una obra del arquitecto africano Diébédo Francis  Kéré. Y para la segunda, una obra del equipo de arquitectos chinos que trabaja con el irónico nombre de MAD (loco en inglés). 

En la primera, es evidente la preocupación por parte de Kéré de responder al programa de usos con una extremada atención a hacer más con menos. Sin olvidar las lecciones de la nueva estética formal que ha impartido el movimiento moderno, con una levedad y sentido de lo provisional (todo lo es en la vida, más aún en África), acude al contexto local para aprovechar formas constructivas y tipologías que surjan de los hábitos sociales, de la economía y de las condiciones climáticas locales. Esta escuela es un ejemplo excepcional de sentido común, de inteligencia ambiental y de respeto humano, que, además, se concreta en una síntesis de admirable estética. 

La otra obra, en cambio, en su búsqueda de efectos volumétricos fruto del capricho y de la arbitrariedad, es un rotundo ejemplo de distancia de las condiciones de la vida urbana diaria, es un objeto de modelado abstracto, como pura forma. Indiferente a los problemas y a los conflictos que comporta nuestra residencia en la tierra, es un monumento al ego, caracterización suprema de lo absurdo de la “civilización” actual. 

Resumiendo: por un lado hay una arquitectura, muy exitosa a juzgar por su difusión mediática, cuyo propósito es constituirse como un objeto abstracto, como celebración ambiciosa del asombro y la sorpresa momentánea. Hito populista memorable, se reviste de una extraña y lujosa monumentalidad no exenta de infantilismo. Su destino, es únicamente para ser vista. 

Por el otro, tenemos una arquitectura para ser vivida todos los días. Hija de la penuria, va a ser recordada por los estudiantes como el espacio de las sensaciones, angustias y temores, pero también de los sueños y de los momentos de sonriente felicidad que va a proporcionar en su recorrido por una pequeña historia humana. Una grata arquitectura de respeto sencillo, de calidad lógica y ecológica, de formas y texturas amables. 

Dos símbolos. Por un lado, la frivolidad presuntuosa y decadente de unos chinos con ambiciones. Por el otro, la inteligencia humanista de un arquitecto africano. 

Dadas nuestras condiciones históricas, geográficas y políticas, nuestras simpatías deberían estar claras. 

¿O no?


En las fotos:

Diébédo Francis  Kéré, Escuela secundaria en Burkina Faso





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