viernes, 29 de septiembre de 2017

Rosas del desierto, espinas para la Academia





Hay obras de arquitectura que por sus cualidades incitan a replantear todo el sentido y el significado, para la civilización humana, de construir el espacio. Eso ocurre raramente, pero cuando ocurre muchas preguntas que tocan la esencia fundamental del acto de construir estimulan reflexiones realmente críticas. 

Una de estas obras que sintetiza el contexto cultural contemporáneo, al cual se debe y al cual aporta, e incita a re-examinar las razones por las cuales hacemos arquitectura y las modalidades con las cuales les damos vida, es precisamente el museo de Qatar, diseño del super-star Jean Nouvel. 

Pero antes, una información necesaria. En los desiertos del mundo se dan ocasionalmente, y de manera natural, unas formaciones calcáreas con una conformación cristalina muy atractiva, que les ha procurado el nombre de “rosas del desierto”. Se trata, como se podrá observar en la foto, de estructuras laminares entrecruzadas, multiplicadas como al azar, que se configuran como pequeños objetos minerales misteriosos, pero a la vez extrañamente relacionados con imágenes de la vida orgánica, dotadas de un indiscutible atractivo formal. 

Pues bien, para ir directamente al asunto, a Jean Nouvel se le ha ocurrido transponer, traducir, ampliar a escala arquitectónica monumental, la pequeña “rosa del desierto”. La traducción o metáfora, es bastante fiel y mantiene el mismo atractivo gracias también a un notable despliegue de ingenio y de tecnología constructiva. 

Lo que se plantea es, en primer lugar, si es lícito, en términos de coherencia y de honestidad profesional, imitar una formación de la naturaleza llevándola a la escala de las construcciones de la humanidad. Podría ocurrir con otras cosas. ¿Por qué no una alcachofa, una pera, una mano de cambures, o mejor aún, cristales de nieve, dunas de arena, formaciones de corales?.. etcétera. 

El punto es grave. Es verdad que no es la primera vez que eso ocurre. Hay ejemplos semejantes que se podrían extraer de la historia paralela de la arquitectura pintoresca, pero en este caso se trata del muy admirado Jean Nouvel, autor de obras de singular resonancia mundial. 

Así que es pertinente volver a plantearse la pregunta. ¿Por cuál razón y dónde está escrito, que no se puede o no se deben hacer obras de arquitectura como el museo de Qatar? Desierto = rosa del desierto = museo… Es verdad que eso equivale al famoso pato-venta-de- hot-dog que citaban Denise Scott-Brown y Robert Venturi en su libro “Aprendiendo de Las Vegas”. ¿Pero ¿quién o qué lo prohíbe? 

¿Es lícito y razonable que se imite, a la escala de nuestras dimensiones, de nuestras explícitas condiciones constructivas de gravedad, pesos, costos, hábitos de trabajo y funcionalidad específica, que se imite, decíamos, formas naturales que se originan dentro de una red de causas extremadamente complejas y completamente ajenas e indiferentes a los planos de nuestra realidad humana? 

En las páginas de la Web internacional crecen los comentarios. (Dezeen 24 marzo 2010). La mayoría con extáticos wau! great! perfect! Pero también hay quien afirma que el (mal) ejemplo imitativo que nos da la obra de Nouvel es el de reducir al mínimo la calidad inventiva del diseño arquitectónico y que eso es una vergüenza. 

Tiene razón. ¿Qué dirían Palladio y Michelangelo, Mies y Le Corbusier, Alvar Aalto y Glenn Murcutt? 

Convengamos que si se acepta esta obra dentro de la “normalidad”, se vendría al suelo todo un edificio de hábitos didácticos, razones funcionales, relaciones intelectuales y de práctica constructiva. La Academia formal no resistiría este terremoto. Este museo ¿es un pecado mortal anti-arquitectura o es una de las muestra de que algo muy profundo está afectando y demoliendo nuestra “normalidad” y de que ya es hora de que nos demos cuenta de ello? 

Lo que es seguro es que Jean Nouvel, con esta obra, profundiza y exaspera todas las hipótesis del posmodernismo y, para bien o para mal, nos pone a reflexionar, desde la arquitectura, sobre cómo estamos y vivimos en el mundo.

Jean Nouvel, Museo Nacional de Qatar 

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