lunes, 16 de octubre de 2017

Para la Razón, un Palacio

Padua, el Palazzo della Ragione y la Plaza de La Hierba

Según un criterio que se repite con frecuencia, reafirmándolo o negándolo, según las modas y los recorridos de la vida social, “hay que aprender de la historia”. Supongamos que ello sea cierto en general, que de la historia se puede y hay que aprender algo con sentido. En el caso de la arquitectura, y ya refiriéndonos a un tema que se ha tratado aquí con alguna frecuencia, “construir en lo construido”, hay ejemplos que demuestran, y ello es ya una lección histórica, que se puede intervenir en lo construido con magníficos resultados. Tal vez uno de los más célebre y celebrado es el del llamado “Palazzo della Ragione”, Palacio de la Razón, comenzado a construir en el 1200 en la ciudad de Padua. En la primera imagen, es un gran edificio de tres plantas y sótanos, destinado también a comercio pero sobre todo a las labores de los tribunales de la floreciente Comuna de Padua, que se ubica entre dos grandes plazas, la de “Las Hierbas” y la de “Las Flores”

Nada de extraordinario. Un edificio sólido, sobrio y funcional. Estamos, hemos dicho, en el 1200. Pero un siglo más tarde, a los dirigentes de la Comuna les parece que hay que mejorar su funcionalidad y llaman a un arquitecto, Fray Giovanni de los Ermitaños, para que intervenga. El buen fraile, buen ingeniero, dotado de una práctica y un conocimiento muy seguros, cosa relativamente común en los religiosos de las órdenes medievales, superpone una maravillosa bóveda de madera, (autoportante gracias a que los tirantes en la base permiten convertir los empujes horizontales en cargas verticales) y dos tiras de arcadas en cada fachada sobre las plazas. 

La bóveda del salón

Fray Giovanni logra así un “salón” espectacular cuyas medidas (81x27x27m) le otorgan primacía entre las grandes salas públicas del mundo de entonces. Y al agregar los pórticos le añade un notable sentido de relación común a las dos plazas laterales, conformando espacios públicos de envidiable intensidad de usos con sus dos mercados, y de extraordinario rigor y coherencia formal, fácilmente identificables en la repetición rítmica de los arcos. Pero en el 1420 un incendio destruye la bóveda y con ella también los frescos de Giotto que ilustrando la mitología astrológica, recubrían en dos tiras horizontales las paredes internas del gran Salón. 

En seguida la gran bóveda se reconstruye y además se agrega otra banda de pórticos del lado de la plaza de “Las Hierbas”, aumentando las posibilidades y la importancia de uso y disfrute común y público del edificio. 


Palazzo della Ragione 





En 1756 un fuerte temporal daña nuevamente el techo y la bóveda debe ser reparada y reforzada con más tirantes. 

A partir de 1797 el “Palazzo” deja de ser usado como sede de los tribunales, y pasa a ser uno de los monumentos más visibles, más hermosos y más reconocidos de la ciudad de Padua. Analizándolo desde nuestra óptica contemporánea, (y es aquí donde se centra lo de “la historia que enseña”) se constata que en cada etapa, casi cada reforma en cada siglo, el sólido pero escueto edificio original del siglo XIII va transformándose, va adquiriendo personalidad, dimensión estética y profundizando su presencia urbana. Es notable como la extraordinaria bóveda de sabia inteligencia constructiva, incide en el espacio interno y en el volumen exterior, como la delicada finura con que los pórticos laterales se adhieren al bloque central; como la escala y el ritmo de arcos de los pórticos (3/1/2/ y la repetición de los dos huecos redondos) abriéndose sobres las plazas, procuran un mayor sentido urbano. Todo lo que se ha agregado y modificado durante siglos ha añadido valores a la obra original hasta llevarla a un nivel de armonía y de permanencia universal que hace que la sintamos casi contemporánea. Formidable lección de la historia. Hemos visto como una obra relativamente anodina, como tantas otras del mismo período, se convierte con los agregados y cambios, en una de las obras más hermosa en lo estético, más útil en lo urbano, y más significativa de la arquitectura antigua europea. Tomando nada más el ejemplo de esta obra podemos dar por sentadas las magníficas posibilidades de invención imaginativa y de creación, que permiten las intervenciones en lo construido, hasta el punto de que podría afirmarse que en ciertos casos no hay que construir ab novo sino que sólo hay que aprovechar lo que ya existe. Con ello basta y sobra. Se desprende una teoría: es casi siempre mejor intervenir y remodelar que demoler lo existente y recomenzar desde cero. Desde un punto de vista ecológico/conservacionista planetario puede afirmarse que hoy es más sano e inteligente reconstruir que construir. 

Un inmenso patrimonio construido, que llena nuestras ciudades, anónimo o de autor, incluyendo el llamado moderno, está disponible para ser incorporado a una gran operación de intervenciones contemporáneas, o de las que sean necesarias en el futuro. 

No ocurre así tan sólo en la arquitectura. Puede asegurarse que también en el campo de la música puede ocurrir lo mismo. Para citar un caso, el trabajo de Sergei Rachmaninoff sobre un tema de Paganini, es una prueba de lo que venimos afirmando. De una pieza musical divertida pero un tanto superficial, se llega, con la manipulación del gran maestro ruso, a una tal explosión de alegría juvenil, de esperanza y de ternura que se ha hecho memorable. Se confirma así que lo construido, por lo menos el arquitectónico, es un inmenso material al cual hay que entrarle con respeto pero también con audacia y atrevimiento. El desarrollo de la civilización humana así lo permite y hasta lo exige. 

Desde el "Palazzo" original hasta la última intervención

En este estupendo caso, el del "Palazzo della Ragione", la historia ciertamente enseña que trabajar con audacia y sin complejos sobre lo existente puede arrojar resultados cada vez más ricos de valores arquitectónicos y culturales, con relaciones sociales más creativas y, en definitiva, con más belleza. 

El asunto, claro está, es saber hacerlo.


El "Palazzo" hoy


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