miércoles, 31 de agosto de 2016

La venganza de Calatrava



No es “la estación de Metro más fea del mundo”, como dijo el New York Time. Con absoluta seguridad es la más espectacular. Con este objeto blanco, de una blancura esplendorosa y reluciente, caído –siete años más tarde y 4000 millones de dólares más de los previstos- no se sabe cómo (o casi), en uno de los centros más concurrido de la megalópolis neoyorkina, el arquitecto Santiago Calatrava se ha vengado de todos los insultos, las acusaciones, los juicios legales que le ha propinado, además de sus propios errores, la envidia de sus compatriotas y sus colegas en el mundo. ¿Quién puede negar que su estación del Metro de Nueva York, recién estrenada -pájaro que arranca el vuelo-esqueleto pulido por el sol-espinazo de pescado- es una verdadera explosión de extrañeza, sorpresa mayúscula, asombro inesperado? Digámoslo de una vez: un objeto tocado por la gracia de la belleza, pero de una belleza hecha de lo descomunal, de lo insólito, de la perfección del joyero. ¿Con qué derecho, se pregunta uno, reclamar el costo inusitado o el tiempo requerido para esta espinosa joya nívea que Calatrava le ha regalado (o le ha impuesto por mampuesto) a Manhattan; un artefacto, tan insólito, tan distinto a lo conocido, cruce entre catedral para cuáqueros y escenografía de ciencia ficción, que a todos los peatones comunes y corrientes, les parece maravilloso? Pero, por qué reclamarle al arquitecto español, el de los pleitos y de los atrevimientos arquitectónicos inútiles, si la sociedad norteamericana puede permitirse construir lo que sea, portaviones, satélites o monumentos, a esos precios estratosféricos y aún más? Que los gocen… que los disfruten. ¿Acaso a los papas correspondientes les reclamamos haber contratado a Michelangelo Buonarroti para la basílica de San Pedro? 

Cada sociedad tiene lo que se merece, lo que puede y le conviene. Nueva York puede exhibir ahora una obra de arquitectura asombrosa. Cariiísima, útil (sin dudas) y a la vez inútil, excesiva y desmesurada. Pero ahí está…. 

Lo que, en resumen, es importante, (para Santiago Calatrava), es que lo logró y se vengó: que sigan ahora hablando tonterías… 

Casi provoca decirle: ¡Calatrava! ¡amigo! ¡el pueblo está contigo!


jueves, 11 de agosto de 2016

El foro ¿Qué pasó en el foro?




Durante los días 3,4 y 5 de agosto, se celebró en la sede de PDVSA de Caracas el foro público: “Gran Misión Vivienda Venezuela, Realidades y Perspectivas para fortalecer el Hábitat Comunal”. El foro, auspiciado por el Ministerio del Poder Popular para Hábitat y Vivienda, ha sido un campo de encuentro, desde diferentes perspectivas, para analizar críticamente el desempeño, hasta ahora, de la Misión Vivienda, y ayudar a definir su futuro, de cara al reto de seguir construyendo todavía dos millones de viviendas en todo el país.

Le hemos preguntado al Prof. Juan Pedro Posani, Director del MUSARQ y participante en el foro con su ponencia introductoria, acerca de algunos temas polémicos que han surgido de los debates del foro.

MUSARQ: Prof. Posani, tenemos entendido que en el foro se planteó la necesidad de hacer cambios importantes en los modelos actuales de política y de diseño en la GMVV. ¿Podría resumirlos? 

JPP: Algunos aspectos quedaron claramente expuestos. Otros quedaron como implícitos. Los más evidentes, a mi parecer, y los de mayor trascendencia, son los siguientes: A) Toda acción constructiva, dentro del programa de la GMVV, debe tender a hacer ciudad, más y mejor ciudad. B) Deben derrotarse la desastrosa corrupción y la desidia mortal, aparezcan donde aparezcan. C) Es fundamental la formación de comunidades democráticas, desde abajo y con organización. Estas deben ser capaces de definir sus necesidades y de auto-corregirse para mantener un buen nivel de convivencia. Y este es, en primer lugar, un asunto político. D) Quedó firme el principio de que la arquitectura y el urbanismo pueden ser los mejores, pero si no hay comunidad con sentido de tal, no se ha hecho nada. E) Es obligatorio diseñar y proyectar a partir de las condiciones climáticas, geográficas y culturales reconociendo y aprovechando la infinita riqueza de nuestro trópico. F) Se deben evitar las repeticiones sin fin de tipologías mediocres y anónimas. La imaginación al poder. Hay que atreverse a experimentar. Cometiendo errores es que se aprende. G) El tema principal, que es la ciudad compacta, exige que ésta sea resuelta con edificaciones colectivas en las cuales es imprescindible que estén presentes todos los servicios y sobre todo los equipamientos requeridos para una vida segura y creativa. H) La mujer y el niño y sus necesidades deben ser referencia obligada, en espacios y servicios, como los grandes centros de la atención del diseño. 

Si estas recomendaciones se tomarán en serio, como, por todos los indicios, parece que va a ocurrir, pronto se podrá llegar a ver los cambios y las felices consecuencias. Como asunto inmediato, el concurso anunciado es ya un paso de enorme importancia.

MUSARQ: ¿Cuáles son los aspectos más relevantes, a su juicio, que se desprenden del foro? 

JPP: El primer aspecto que hay que destacar, con mucha objetividad, es el del reconocimiento, por parte de las autoridades nacionales, de la tremenda importancia del reto de construir, en las circunstancias actuales, dos millones de viviendas. Enormes dificultades se presentan y se prevén. A partir del reconocimiento, igualmente objetivo y sin ninguna duda, de que se ha cumplido con el primer objetivo de la Misión, el de construir en los lapsos programados, un millón de viviendas, (un logro extraordinario), se ha entendido que ha llegado el momento preciso de detenerse a reflexionar acerca de qué se ha hecho bien, de qué se ha hecho mal y de cómo corregir los errores. En lo esencial, de cómo pasar de la cantidad a la calidad sin abandonar la primera. El segundo aspecto que hay que destacar, y así se reflejó en el foro, es la necesidad de libertad de crítica y autocrítica para que con su ejercicio pueda mejorarse sustancialmente lo que se va a hacer. Se ha manifestado, en lo concreto, en la voluntad de oír, de escuchar, de integrar opiniones diversas, porque se ha comprendido también (tal vez demasiado tarde) que la crítica es un gran instrumento revolucionario para afirmar la verdad y para mejor proceder hacia adelante. El ejercicio permanente de la autocrítica es lo que garantiza el éxito en el mejoramiento hacia la excelencia, y eso estuvo plenamente reflejado en el foro. Allí se dijeron cosas durísimas, no se escatimaron denuncias ni desacuerdos. Hubo participación de profesionales y de voceros populares. No se trató de una celebración, sino de un acto de voluntad política en el sentido de abrirse a la reflexión autocrítica: en las condiciones políticas actuales, es un gran logro. Hay que alabar la inteligencia de las autoridades que le dieron la bienvenida a la crítica, porque entendieron su utilidad extrema para corregir defectos y elevar la calidad y la eficiencia en lo que se produce. Tengo la certeza que de las conclusiones del foro y de la propuesta final del concurso para la definición de las tipologías, saldrán hechos físicamente comprobables. 

MUSARQ: Se le ha criticado, Prof. Posani, el haber incurrido en una visión eurocéntrica y de otorgarle al arquitecto, como individuo, un papel excesivo en el proceso de construcción de viviendas para el pueblo. Y también se le ha reclamado haber ignorado la participación democrática de las comunidades, como factor principal en la construcción física de sus comunidades. 

JPP: Mal se puede acusar de eurocentrismo a quién como yo, desde mi ingreso en la FAU, al comienzo de los años 60, ha hecho de la revisión de la historia y de la crítica arquitectónica, en el sentido de la necesidad de re-encontrarnos con nuestras cualidades específicas, un acto permanente de enseñanza. Sin falsas modestias: les invito a que revisen mis escritos y mis innumerables participaciones públicas. 

Si, en la exposición del foro, (cuyo título y tema fue: La Vivienda Colectiva, una larga historia ¿un reto actual? destaqué situaciones y obras que se desarrollaron en los grandes países industrializados, y sobre todo en Europa, no es por una preferencia mía personal, es porque así fue: allí y con esas obras, y no en otras partes, es que se hizo la historia de la vivienda colectiva. Bienvenidos serían otros ejemplos. Si los hay, que se los presente. Así es como se construye cultura, aprendiendo de parte y parte. 

Lo importante, lo esencial, era contribuir a definir los rasgos fundamentales de lo que podemos definir como vivienda colectiva, en cada momento histórico, para que no nos equivoquemos ahora al proceder aquí y en la actualidad. Lo que intenté es presentar los momentos estelares, los más destacados y significativos, de un larguísimo proceso histórico de una tipología determinada, la de la vivienda colectiva.

Queda la segunda objeción: el arquitecto como dios, como creador aislado y autónomo, un poco como el héroe del asunto. Es esta una discusión que se repite y se repite desde la antigüedad: el papel del individuo en la historia. 

Si se quiere revisar sintéticamente el contenido de la controversia de ideas, entre quienes defienden los grandes mecanismos de la historia colectiva, sus razones superiores y envolventes, su necesidad que obliga, frena o estimula, desde afuera, las acciones individuales, y quienes defienden, en cambio, el papel (hasta dónde, cómo, cuándo) de los individuos excepcionales, en conformar, orientar, desviar la historia, pueden acudir a Plejánov, quien, en el siglo pasado, escribió un breve libro, pero casi definitivo, sobre el asunto. Tuve la idea de que era útil, en contra expresamente a la tendencia revolucionaria (equivocadamente, a mi juicio) de anonimato generalizado, personalizar los autores de esas obras que parecen fundamentales. 

Ginzburg, Le Corbusier, Jean Renaudie, Renée Gailhoustet, Villanueva. ¿Nos negaremos a ver sus rostros porque confundimos la justa consigna de democracia en la decisión y en la acción, con el reconocimiento de que en la sociedad, en todas, siempre hay y se destacan, hombres y mujeres excepcionales, con más talento que los demás, que ven más allá que los demás, mentes eminentes, tales que llegan a tener, justamente, un papel poderoso y determinante? Este debate cultural ya tiene dos o tres siglos. Me limitaré a señalar lo que ya se ha dicho y repetido por autores de segura atribución materialista o marxista: A) La historia la hacen los hombres y por lo tanto la actividad de los individuos no puede dejar de tener su importancia en ella. B) Los individuos que actúan en la historia no son omnipotentes. C) Las personalidades destacadas son SIGNOS y SIMBOLOS de diferentes momentos del desarrollo histórico. Son los mejores representantes de una tendencia histórica. D) Un gran hombre no lo es porque su particularidad individual imprima una fisonomía individual a los grandes acontecimientos históricos, sino porque está dotado de particularidades que lo convierten en el individuo más capaz de servir las grandes necesidades de la sociedad de su época, surgidas bajo la influencia de causas generales y particulares. 

Hay que repetirlo para que se entienda con toda claridad: no hay que confundir en un solo bojote la justa exigencia de dirección colectiva y de democracia desde la base, con el reconocimiento de la existencia histórica de individuos eminentes y del liderazgo cultural correspondiente. Dos asuntos diferentes que se tienden a confundir por los efectos de un pragmatismo político poco reflexivo y hasta por el desconocimiento de un método de análisis realmente materialista. ¿Eliminaremos a Bolívar? ¿Nos olvidaremos de Reverón? ¿Qué hacemos, porque queremos democracia participativa asambleísta, borramos de nuestra historia a Le Corbusier, a Villanueva o a Fruto Vivas? Seamos serios, tal como lo reclamaban en el foro algunos de los participantes. Los arquitectos no lo hacen todo, ni son los héroes de la película. Es verdad. Pero son socialmente indispensables. Como los médicos, los abogados o los astrónomos. Mi vida ha sido siempre la arquitectura y pretendo defenderla en un país, como el nuestro, en el cual no se la respeta o se la respeta muy poco, a pesar, contradictoriamente, de que su máxima obra de arte (la Ciudad Universitaria) es una obra de arquitectura. 

MUSARQ: Se ha dicho que ud. mantuvo una defensa de la modernidad como si fuese un valor imprescindible y absoluto. ¿Eso, hoy, viendo la catástrofe ecológica y social, le parece posible? 

JPP: La modernidad. Otra vez debo recordar cosas que uno ha dicho o escrito. No se está obligado a conocerlas, es verdad, pero creo que a estas alturas de la vida uno tiene derecho a reclamar. Tengo años insistiendo, como otros estudiosos muchísimo más profundos e importantes que este profesor, (la escuela de Viena, Marcuse, Castoriadis, Mumford, Bauman, y sobre todo Habermas) en que hay que refundar la modernidad. Que hay que rehacerla y completarla. Que la que ha construido hasta ahora el capitalismo, está acabando con el mundo y la sociedad humana. Que bastante daño ha producido con su versión del llamado progreso. Pero que es posible y hasta necesario, partir otra vez de sus bases originales y avanzar con un proyecto de la modernidad, “actualizado” política y científicamente, podado de sus graves errores, para recobrar y replantear los antiguos ideales de igualdad, libertad y solidaridad. A partir de estos criterios es que hablé de ciudad moderna y de modernidad. Tienen contenido las críticas si se entendieron mis citas de la modernidad como refiriéndome positivamente a la actual. Mi error ha sido no haber ensanchado los límites prescritos de la intervención hasta abarcar el tema en todo su contexto crítico y no haberlo explicado suficientemente. Tienen razón, di por descontado, equivocadamente, que se entendía que me refería a otra modernidad, la que todavía puede realizarse. Otra vez será. 

MUSARQ: ¿Ud. no cree, profesor, que sería conveniente y útil profundizar estos contenidos y específicamente su “teoría” de la vivienda colectiva como eje de la urbanidad contemporánea, en el MUSARQ o en una universidad, bajo la forma de un seminario o de un ciclo de debates? 

JPP: Claro que sí. Con mucho gusto ofrezco mi tiempo disponible para algo así. Puede resultar una discusión interesante.


miércoles, 10 de agosto de 2016


  El Museo Nacional de Arquitectura

 lamenta el sensible fallecimiento
 
del arquitecto y profesor 

Mario Gabaldón López, 

quien  realizó una 

larga y noble labor en defensa
 
de nuestra naturaleza 

 


Caracas, 2016

lunes, 18 de julio de 2016

Trópico y Tropicalismo


Gustave Caillebotte.  Paris 1880. En Europa el contexto es siempre la historia

Un joven arquitecto, profesor universitario, decide construir su casa, en una urbanización cerca de Caracas. Se le pregunta por la idea arquitectónica general, si la hay. Contesta que no caerá en el cliché del “tropicalismo”. 

Una afirmación que tiene graves implicaciones. Por quien la emite, un arquitecto, y por lo que presupone, desde el punto de vista de una posible teoría de la arquitectura. 

Partamos del criterio de que una teoría de la arquitectura, en lo elemental, arranca del simple reconocimiento de que la arquitectura es una “prótesis” artificial sin la cual la humanidad no puede vivir. Por rigor de lógica, está supeditada a condiciones culturales, históricas y geográfica, y que por lo tanto habrá tantas teorías de la arquitectura como situaciones colectivas humanas. 

El estudio y el análisis de la historia de la arquitectura europea, por ejemplo, ratifica que sus expresiones modernas han estado permanentemente en un diálogo –complejo y contradictorio- con su contexto. Allí la situación es, sin embargo, clara: el contexto europeo, debido a su enorme acumulación de historia, en lo esencial, es eso, la historia es el contexto. En Europa, donde tu construyas, la referencia obligatoria, por adecuación y simpatía o por oposición y rechazo, es la historia estratificada del lugar, su historia en todas las dimensiones, humanas, económicas, culturales, geográficas. 

Pasemos ahora, dando un gran salto geográfico pero no metodológico, a América. y, en especial, a esta parte de ella que es Venezuela. Debería ser evidente para todos que el nuestro no es un contexto –específicamente y con preeminencia- de historia acumulada de civilización humana, de un pedazo de artificialidad producto del hombre. En el Caribe, en el norte de Suramérica, el nuestro es precisamente, lo otro, lo que está, por otra parte, en el transfondo en todas las culturas originales, la naturaleza. “Natura” es, pues, al construir, nuestra realidad histórica. Es nuestra referencia, nuestro entorno, nuestro asunto, nuestra trama, relación y narración. El carácter y las dimensiones físicas de la naturaleza tropical es lo que ha dominado nuestra historia: ha sido y es el CONTEXTO con el cual hemos combatido, que hemos amado, con el cual nos hemos trenzado en una relación que -nada menos- nos da y nos quita la vida. 

La Naturaleza es nuestra historia. No hay escapatoria. A pesar de todos nuestros esfuerzos culturales imitativos (malogrados en su mayoría), es sobre ella, dentro de ella y con ella, que debemos construir nuestros espacios para la vida social. Nuestros posibles éxitos debemos realizarlos, con audacia y conciencia, utilizando esta maravillosa argamasa de valores y condiciones tropicales, ingredientes que están todos dispuestos para ser valorizados, para ser convertidos en los “ejemplos que cantan”, como decía Paul Valery. 

Nuestra arquitectura indígena, los patios y corredores de los alarifes coloniales, los quiebrasoles de Villanueva en la Ciudad Universitaria, son episodios de este diálogo irrefutable con el carácter de este punto del planeta en el cual vivimos. Al querido amigo, el joven que está diseñando su casa, y que está preocupado por no reiterar clichés demasiado manoseados, hay que recordarle que, para evitar o superar los clichés del “tropicalismo”, no hay otra vía realmente creativa sino imaginando justamente las más auténticas y arriesgadas respuestas al clima y a la naturaleza de este trópico milagroso. 

Hay que repetirlo sin descanso, éste es -para nosotros, por lo que se refiere a una posible teoría de la arquitectura, (recuérdenlo, profesores de las Escuelas de Arquitectura)- lo que debe ser el punto de partida: nuestra historia es la naturaleza.

En Venezuela el contexto es sobre todo la naturaleza



miércoles, 6 de julio de 2016

Millones. Dos más


GMVV, Alcaldía Libertador, Caracas












“Si tenemos miedo a equivocarnos jamás podremos asumir los grandes retos, y sus riesgos”
 George Steiner 


Haber logrado realizar, en corto tiempo, un millón de viviendas para el pueblo, constituye una hazaña histórica de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV). Emprender, ahora, la construcción de dos millones más, implica detenerse, aunque sea un momento, por así decirlo metafóricamente, y pensar. 

Pensar cómo hacerlo mejor de lo que se ha hecho. Pensar, en lo esencial, como hacerlo con calidad, cuando sabemos que la emergencia ha marcado este millón ya construido, con el sello de la improvisación. Puede debatirse si es justo, frente a los indiscutibles hechos cuantitativos y a las consecuencias del mejoramiento social de ellas derivado, preguntarse si, y por cuál razón, no hubo espacio y tiempo para dedicárselos a la calidad. Pero supongamos que en los últimos diez o quince años, no hubo (histórica, social y políticamente) las necesarias condiciones para satisfacer, al mismo tiempo, cantidad y calidad. Supongamos que no había otra alternativa y que por ello prevalecieron los números. La GMVV podría considerarse -así lo afirma el profesor Alfredo Mariño en un excelente trabajo de análisis crítico que debería tener una gran difusión- como un operativo más, marcado, como todos los operativos, por el éxito inicial y las posteriores carencias de origen. Dicho esto, la tarea programática de otros dos nuevos millones de viviendas a construir, obliga categóricamente a reflexionar para no repetir errores y para, a la vez, a imaginar otros mejores y más audaces modelos de planteamiento y de realización. 

Es por ello que este momento no puede ser únicamente de aniversarios y celebraciones. Este es, como decía el maestro Villanueva, el momento del “pensar profundo”. El momento, repetimos, del análisis y de las propuestas. Y ambas acciones deben realizarse bajo el signo de la crítica y de la autocrítica más severas. Y ello significa, tolerancia y modestia, humildad y reflexión.

Proponemos, en función de la experiencia de este primer millón, que se apliquen rigurosamente dos obligatorios elementos de programación y análisis para todo lo que se vaya a hacer en materia de vivienda, independientemente de cual sea el organismo encargado y su nivel de decisión. Dos test, dos preguntas, que permitan saber si se procede bien o mal. 

Primer test. ¿El proyecto asegura un cambio significativo y progresista en la calidad de vida, en el trabajo, la salud, la seguridad, la educación, la recreación y el ocio, para cada una de las unidades familiares? 

Segundo test. ¿El proyecto asegura un salto significativo y progresista en las opciones “gratis”[1] de disfrute y aprovechamiento de la vida en la ciudad? ¿El proyecto asegura un cambio significativo en la multiplicación de valores positivos en la vida colectiva que representa lo urbano, la ciudad? ¿Con ello la ciudad de todos es más y mejor ciudad? 

Todo lo demás -desarrollo tecnológico, estudios de costos económicos, ambiente y ecología, relación ciudad-campo, todo lo demás viene solo, cuando se le den respuestas afirmativas a estas dos preguntas. 

Pero lo que está en la base de ambos test, lo que debe estar implícita inevitablemente, es la búsqueda de una visión de “vida buena” (en versión andina, boliviana, “pachamama”, etc.) que incorpore y auspicie, con audacia experimental, una forma de convivencia urbana muchísimo mejor, más participativa y más serena y valiosa de la que emana de la actual, capitalista en lóbrega decadencia. Una forma de convivencia que exalte todo lo bueno de las buenas experiencias urbanas que conoce la historia humana y las proyecte, con imaginación y valentía, a una nueva altura de bienestar e inclusive de belleza. 

Ahora lo esencial e imperativo: los programas o proyectos que no garanticen respuestas afirmativas y positivas a estos dos test deben ser desechados automáticamente, contando, supuestamente, con un seguro respaldo político. 

Y hasta aquí, todos estarían de acuerdo, probablemente. Lo problemas surgirían al tratar de definir con precisión, previa o posterior, qué es mejor, o más valioso, con relación a qué, con relación a qué momento y a qué espacio. Pero se trata de problemas creativos. Problemas que obligan a reflexionar, a pensar, a imaginar, a decidir entre varias opciones. Problemas que incitan a discutir en común, a estudiar alternativas, a ensayar sin miedo. La exigencia de los dos test, puede parecer, quizás, una exigencia utópica o irreal, ya sabemos como se bate el cobre en la realidad. Pero ahí es donde se resuelve todo: nos atrevemos o perecemos en la rutina de la mediocridad y hasta caemos en la chacota del mundo. 

Es por ello que nos hallamos en una circunstancia, con los dos millones de viviendas por construir, que, pese a todas las grandes dificultades y obstáculos que se avecinan o que ya están aquí entre nosotros, (políticas, económicas, productivas, culturales), anuncia un enorme reto: este no es el momento para celebraciones de aniversarios burocráticos sino el de la revisión crítica y el de las propuestas para que la GMVV pase a ser de un extraordinario objetivo numérico (ya conseguido) a un “acontecimiento” socio-cultural (por conseguir) de inmensas y ejemplares repercusiones civilizatorias. 

Es casi un asunto de vida o de muerte para la GMVV. Las que seguimos llamando, como símbolos burocráticos y autoritarios, “las autoridades”, deben terminar de entender que el prestigio de la Misión Vivienda, logrado a fuerza de números y milagros administrativos, está peligrando. Si no se asume, a totalidad y con pleno convencimiento, que el objetivo, ahora absolutamente prioritario, es de transmutar la cantidad en calidad, se perderá todo el sentido de la buena política, la que consiste -en morocotas para no perdernos en disquisiciones- simplemente en resolver bien y para mejor los problemas de la gente. Los números son asombrosos. Pero ha faltado y sigue faltando lo principal: el modelo de ciudad nueva, socialista si se la quiere llamar así. La ciudad en la cual uno desearía vivir, crecer y morir. En todo caso, la que potencia la participación, asegura el trabajo y la diversión, enaltece la cultura, le otorga a la mujer la libertad y la dignidad, y al niño la educación creadora. Como decíamos al proponer los dos test: con los nuevos urbanismos, con las nuevas ciudades, ¿se logran estos objetivos? Es vital que las “autoridades” entiendan que estamos frente a un desafío categórico, a un salto de naturaleza y consecuencias políticas de dimensiones históricas: la nueva ciudad democrática, imagen de la sociedad nueva. 

Las generaciones futuras no nos perdonarían haber perdido -ahogados en el pantano de la mediocridad y de la ignorancia de la pequeña política- esta extraordinaria, hermosa oportunidad, con el programa de viviendas, de avanzar resueltamente hacia un país verdaderamente justo, libre e igualitario. 

Todavía hay chance de ser un ejemplo para el mundo. Ojalá que no terminemos como una desilusión más.

[1] Opciones “gratis”. Es una manera muy difundida recientemente, de definir la cantidad de cosas que uno, en la ciudad, puede realizar sin que le cueste nada o muy poco: por ejemplo, entre tantas otras, pasear en un parque, reunirse con los amigos, trasladarse de un sitio a otro, asistir a un concierto o visitar un museo, y, por supuesto, tener agua potable o wifi.

lunes, 27 de junio de 2016

La estética líquida ya está aquí



Se ha debatido mucho y desde hace tiempo, si la arquitectura moderna es un nuevo estilo o es, como lo afirmaba el historiador Leonardo Benévolo “una nueva rama de un árbol antiguo”. Se insistía, desde la defensa de la intrínseca novedad de la arquitectura moderna, que no eran meramente los criterios estéticos, ligados al concepto formal de “estilo”, lo que debían caracterizar a esa nueva arquitectura, sino la inteligencia, la “astucia” de diseño, que buscaba encontrar respuestas, por otros medios, a las nuevas condiciones del mundo moderno. De tal manera que no se trataba de un “estilo moderno”, que venia a sustituir, como último legado, a la secuencia de estilos “clásicos”, románico, gótico, barroco, art-nouveau, etc., sino de una disciplina profesional diferente, en la cual la forma es un resultado de una metodología y no un dato a priori.

miércoles, 22 de junio de 2016

El regreso de las residencias comunales


PLP Arquitecture, Stratford, Londres



“!Los residentes del edifico tendrán tantos servicios y equipamientos que no querrán nunca salir de él! Así se expresan los constructores de una de las muchas iniciativas residenciales que, incluyendo los Estados Unidos, Inglaterra, Corea del Sur, Holanda y Francia, se están regando por el mundo industrializado. (Dezeen 5 abril 2015, 17 noviembre 2015, 28 abril 2016). Curiosamente, eso mismo era lo que se decía inicialmente -lo comentábamos la semana pasada- acerca del conjunto residencial del Parque Central de Caracas. Una ola de proyectos de edificios colectivos o “comunales”, para jóvenes y no tan jóvenes, pero todos de clase media y con trabajo, se está repitiendo, con similares características, en las metrópolis desarrolladas. Inversionistas y arquitectos, asociaciones y empresas con interés social, (CoWork, WeWork, WeLive), están redescubriendo los esquemas de vivienda compartida que inventaron los utopistas franceses e ingleses en el siglo XVIII. Insólita evolución histórica que, sin tocar otros aspectos, confirma el sentido sano y beneficioso de un tipo de residencia urbana que subraya la importancia del compartir, contribuir, asociarse, bajo el signo de la participación, que justamente puede ofrecer la tipología de la vivienda colectiva.