martes, 18 de agosto de 2015

Preguntas difíciles

La nueva Ciudad Chávez. El presidente Nicolás Maduro la califica, sorprendentemente, como: El sueño del socialismo territorial y un extraordinario concepto llevado a la práctica


A riesgo de ser repetitivos, es casi un deber de existencia, libre y interpretativa, insistir sobre algunas líneas de reflexión, ocasionadas por uno de los acontecimientos de mas trascendencia, tal vez el mayor entre todos los otros posibles, que han ocurrido en el contexto urbano en los últimos 15 o 16 años. 

Vamos a ver si es posible resumir lo esencial. 

1. La decisión de otorgarle una vivienda a todas las familias venezolanas, con la Gran Misión Vivienda, (GMVV), ha sido una gigantesca decisión de profundo sentido humano, social y político. En ella estriban cambios de alcance antropológico que involucran la propia forma de vivir del venezolano. No reconocerlo es parte de la miopía de la pequeña política. 

2. El esfuerzo de diseño, coordinación, gerencia y producción que ha implicado e implica la GMVV es ejemplar y no tiene parangón con nada anterior en la historia de este país. No admitirlo es ignorancia o mezquindad. 

3. Las dimensiones cuantitativas de lo realizado hasta ahora, en tan corto tiempo, y de lo que está en programa de trabajo, son tan elevadas que no pueden causar sino admiración y asombro, si se comparan con nuestra tradición de ineficiencia. No aceptarlo es consecuencia de una ideología tacaña. 

4. Todo sumado (y agreguemos a ello, en lo negativo, el margen, casi inevitable, de corrupción y de torpezas institucionales y burocráticas) la GMVV arroja resultados excepcionales que los colocan dentro de una categoría de nivel y proyección internacional. No admitirlo es pobre ceguera política. 

Pues bien, justamente esas dimensiones y esos logros, que le otorgan a la GMVV valores antropológicos y políticos descomunales, colocan sobre los hombros de los venezolanos una responsabilidad de igual medida y son los que nos obligan a preguntarnos si los resultados, medidos ahora en términos de calidad, son equivalentes. Esto es, si las ambiciones colocadas en las respuestas al reto altísimo de cantidad, se corresponden con las ambiciones planteadas al asumir el reto de excelencia de calidad. Al plantear la GMVV como un programa político, se asumió un reto cuantitativo descomunal. A ello, era evidente, en el sentido político, que se le debía asociar un equivalente reto cualitativo. No sólo se le entregaba al pueblo venezolano un número estadístico considerable, también se le entregaría la prueba de que es posible un sueño, una idea, una utopia hecha ciudad, una ciudad-hábitat de nuevo tipo, un ejemplo de lo que puede ser un mundo urbano distinto. La meta cuantitativa excepcional tendría efectos sólidos y duraderos, con ejemplos políticos de valor universal, si, y sólo si, estaría combinada con la meta cualitativa, también excepcional, de lograr un nuevo hábitat, en el cual, además de los servicios normales estaría, en un tejido denso y bien diseñado, una combinación novedosa de usos y equipamientos. El reto era ofrecer al pueblo venezolano el regalo, en lo concreto, del ejemplo, modelo, muestra, símbolo y explicación y aplicación textual, de lo que se entiende por unas condiciones de vida urbana realmente superiores. Una oportunidad política única en la historia. A la altura del socialismo del siglo XXI. 

¿Se logró? 

Hay muestras interesantes en el Municipio Libertador de la capital. Pero, nos preguntamos: ¿Cuántas son con relación al total? ¿Hay ejemplos como estos en otras regiones y otras ciudades del país? Difícil encontrarlos. 

Lo cierto es que nos quedamos cortos en investigación, en la amplitud de experimentación, en imaginación e inventiva, en la búsqueda de soluciones alternativas que pudieran corresponder a una propuesta de hábitat al mismo nivel creativo que se ha producido en la rapidez de ejecución y en la cantidad de metros cuadrados. Los números son asombrosos, pero, al conseguirlos se ha resentido el diseño, la sociología y la ecología, aparentemente. Y si comparamos con la (corta) historia de las experiencias arquitectónicas que hemos tenido en Venezuela, sorprende no hallar rastros de esa audacia, esa juventud, ese aliento, que han sido frecuentes en ella. Nos preguntamos ¿por qué? ¿qué ha pasado? Difíciles respuestas. 

Hoy, las razones que están detrás de que se termine “expulsando” a los ocupantes de los 200 apartamentos “infectados” en los nuevos “urbanismos”, exigen la pregunta: ¿se trata únicamente de un problema de difusión social de la criminalidad? ¿No hay en ello un problema de falta de estudio, prudencia y previsión de diseño? ¿Están dadas las condiciones de diseño para que se reduzcan al mínimo las oportunidades criminales? Y, sin pedirle al diseño demasiadas virtudes sociales terapéuticas, que probablemente no tiene, (o que no las tiene tan potentes), ¿están dadas las condiciones espaciales para que la necesaria gerencia democrática y política de la vida colectiva redujeran al mínimo asaltos, secuestros y abusos? Hay en ello un campo de estudio inmenso para la sociología y la psicología. Bienvenidas las universidades nacionales y sus preocupados investigadores. 

En el MUSARQ, desde hace mucho más de un año, nos hemos planteado, en muy buena conciencia [1] y entera libertad, la tarea de debatir estas cuestiones. Una tarea modesta, al alcance de nuestras penurias, pero que nos permite, a nosotros también, ponerle el hombro a la construcción de este país.


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[1] Que se nos perdone, esta vez, un comentario a un comentador, un tanto esquizofrénico, (arquitecto culto y ciertamente de algún valor, pero detestable como ideólogo), desde la altura de su personal cátedra de ética, (que nadie le ha conferido), que nos acusa de pantomima y de mala conciencia. Con el tiempo, la historia menuda -todos nos conocemos- tendrá razones para hacernos saber si la suya es tan pulcra e inmaculada y si sus tantas observaciones emponzoñadas no son, al fin y al cabo, sino meros lamentos por no haber recibido suficientes contratos del Estado.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Buenas ciudades y otras no tanto


Ciudad Chávez, en construcción

Hace unas semanas, este blog pretendió abrir una discusión acerca del carácter que están revistiendo las “nuevas ciudades”, su tipología urbana y arquitectónica. En resumen: la calidad de vida que con ellas y en ellas pueden esperar los ciudadanos. Utilizamos para ello dos ejemplos opuestos, enfrentados entre sí, comparando sus perfiles de obras realizadas. Uno, el ensayo en la ciudad de Givors, en Francia, producto de la experimentación del arquitecto Jean Renaudie, año 1974, y dos, el proyecto, actualmente en construcción, de la “ciudad Hugo Chávez”, en el estado Carabobo. Los comentarios (escasos) que se pudieron recibir, tocaron sin embargo únicamente algunos aspectos exteriores, francamente superficiales, de las diferencias entre los dos episodios urbanos. Lo esencial se perdió ante el impacto, tal vez más evidente, pero secundario. La contraposición se apreció como una contraposición de formas arquitectónicas y no como una contraposición de formas de vida. Porque de ello se trataba, justamente. Comparar una estructura urbana, (“Las estrellas” de Renaudie), que se caracteriza por la intensidad y copresencia de una gran cantidad de factores que estimulan e incitan al intercambio dentro de las potencialidades creativas de la vida en comunidad, con otra (“La ciudad Chávez”) cuyo único rasgo predominante parece ser responder mediocremente al apremio y a la cantidad. La simpleza de la obsesiva monotonía formal de la nueva ciudad carabobeña, no es lo que interesa contrastar (o por lo menos no es lo único ni esencial) con la riqueza espacial y volumétrica de las soluciones “compactas” de Renaudie. El asunto no es de formas, sino de calidad de vida. Lo que es realmente importante, en el primer ejemplo, es la oferta de opciones individuales y colectivas que, en un intrincado y fértil entramado de tipologías no ortodoxas, consolidan una eficiente mezcla de usos para el desarrollo de un ritmo y de unas condiciones de vida realmente modernas. Desde los pequeños jardines individuales hasta las escuelas, los núcleos comerciales y las instalaciones recreativas (cines y teatros) colectivas, en las “Estrellas de Renaudie” se multiplican los recursos de diseño de una manera que hay que reconocer inmensamente más realista que las soluciones esquemáticas de las “unidades de habitación” de Le Corbusier. La de Marsella, por ejemplo, se ha celebrado, durante décadas, como la panacea para la vivienda colectiva. El modelo ideal. La solución definitiva que actualizaba los primeros intentos de vivienda colectiva de los arquitectos soviéticos de los años 30. Sin dejar de reconocer su estimulante modernidad formal, comparada, a su vez, con los ensayos de Givors e Ivry de Renaudie, revela una actitud de simple y sana ingenuidad, pero muy de utopia de maqueta, que nada tiene que ver con el intenso realismo de esos conjuntos abigarrados de viviendas felices y radiantes, mezcladas densamente con muchos otros usos, como en los casos construidos por el excelente arquitecto francés (que, de paso, no lo olvidemos, era comunista y por ello tuvo que enfrentar una feroz oposición y después de muerto, casi el olvido). Si seguimos con las comparaciones, Ciudad Chávez aparece cadavérica, estirada como una piel de chivo sobre un tablero, repetidas al infinito sus piezas básicas, elementales y tristes, sin ninguna de las propiedades que con sus cualidades distintivas le otorgan a un conjunto de viviendas la naturaleza ciudadana, su carácter urbano de intensidad, variedad y compactación. Como nunca, en el ejemplo de Ciudad Chávez, se constata como las urgencias inmediatistas de un cierto tipo de política, que no se detiene a pensar, que coloca como máxima prioridad la cantidad y se olvida de que ésta debe estar siempre acompañada con la calidad, aplastan las posibilidades, las ocasiones, para crear un ciudad verdadera y realmente nueva, estimulante, optimista, digna de las ilusiones y de las esperanzas populares, las que, por ningún motivo, hay que dejar desfallecer.

¿No debe ser parte de los programas de construcción de una nueva sociedad más justa y fraternal, el programa de construir la nueva ciudad? El que con clarividencia y atrevimiento proponga formas diferentes de urbanismo y de arquitectura. ¿Qué impide al Estado plantearse la tarea de ensayar unos experimentos, en cuatro centros regionales, por lo menos? ¿De probar que con imaginación y audacia es posible construir un modelo alternativo urbano, con sus conjuntos de viviendas para la alegría colectiva y la creación de nuevas interrelaciones ciudadanas, dejando constancia efectiva de que sí existe ese mundo mejor, alejado de la mediocridad inculta? Si la improvisación es el signo de nuestro comportamiento y de nuestra cultura, no es paradójico que las instituciones del Estado no se atrevan a experimentar (que también es improvisar), atrapadas en el marco férreo de las limitaciones de presupuesto, pero también frenadas por el terror político al error?. El Estado debe atreverse: para ello estamos seguros que hay ancianos y jóvenes, todos entusiastas y muy dispuestos a participar. Sólo hace falta el viejo recurso: voluntad política.

Givors, Francia, 1974, Arq. Jean Renaudie.

lunes, 13 de julio de 2015

Una comparación objetiva


La cité des Etoiles (Givors 1974 1981) -Jean Renaudie- Utopies realisées 
 video bajado de You Tube


1969. Dos arquitectos, ambos miembros del Partido Comunista de Francia, diseñan unos conjuntos habitacionales populares para administraciones locales de tendencia de izquierda. La tesis de Jean Renaudie y Renée Gailhoustet, es que la vivienda colectiva de “interés social” debe ser un modelo para la construcción de la ciudad moderna compacta, un modelo de lo que puede y debe ser una nueva realidad urbana, dotada de un profundo sentido humanista y de un programa de realización con mezcla de usos, en el cual todos los servicios y equipamientos necesarios para la vida civilizada moderna se integren estrechamente con las viviendas. El objetivo razonable es que desde la vida en comunidad, desde el mismo diseño de los apartamentos, todos con su jardín, las oportunidades sean de alegría y de optimismo; en suma, que el contexto urbano permita el continuo crecimiento de los contenidos creadores de sus habitantes.

2015. Se inaugura, con 3456 aptos, la primera etapa de la “Ciudad Socialista Hugo Chávez”, en la cercanía de Valencia, edo. Carabobo. El Presidente Maduro afirma que “Aquí está el sueño maravilloso del comandante Hugo Chávez. El sueño del socialismo territorial y un extraordinario concepto llevado a la práctica”. Destinación: apartamentos para 40.000 familias, 200.00 habitantes. El gobernador Francisco Ameliach describe la ciudad como "un modelo ideal para tener una vida plena". 

Dos imágenes, dos propuestas de vida colectiva.

No nos queda sino comparar. 

Ciudad Socialista Hugo Chavéz, Valencia, estado Carabobo

viernes, 10 de julio de 2015

La gran enseñanza de una arquitecta



Encomiable faena la que ha emprendido el arquitecto Henry Vicente. Casi todos los días publica en Facebook una referencia biográfica de alguna arquitecta (ojo, femenino de arquitecto, por si se nos olvidó, así como, jueza, profesora, decana, ingeniera, presidenta, etc.) cuyo nombre y obra, generalmente ha desaparecido de la circulación de la información profesional que, como se sabe, privilegia nombre y obra de arquitectos varones. Faena encomiable porque atiende a la gigantesca tarea -tarea de civilización, luego de tantos siglos de “hominización”- que le corresponde todavía a la especie humana: la de equiparar en todos los sentidos las “dos mitades del mundo”.

Dentro de la larga y sorprendente lista de nombres de arquitectas, desconocidas o reaparecidas y, a veces, ratificadas en su importancia particular, pero opacadas por el brillo de sus maridos, compañeros o simplemente colaboradores, hay uno que quisiéramos contribuir a destacar. Nos referimos a Renée Gailhoustet (pr. aprox.: guelusté), arquitecta francesa nacida en el 1929 y que todavía está viviendo sus hermosos ochenta y siete años. En la nota colocada por Vicente en Facebook se dice textualmente: “Su gran aporte a la arquitectura y al urbanismo de los años sesenta estuvo en la promulgación del (principio) de la diversidad de usos, rechazando explícitamente el de la separación de funciones reinantes en los grandes conjuntos habitacionales de la época”. Ese rechazo se tradujo admirablemente en obras concretas, algunas de ellas realizadas con su compañero, el extraordinario arquitecto Jean Renaudie, de quién, por cierto, varias veces hemos hablado en estas crónicas.

“Separación de funciones reinante en los conjuntos habitacionales de la época”. ¿Sólo de la época? Hay que admitir que, si bien el clásico principio modernista de separación de funciones es rechazado en teoría por el urbanismo contemporáneo, sin embargo en la mayor parte de los casos, todavía hoy no se lleva a cabo en la práctica. Y se trata de un rechazo que se fue confirmando en la medida en que las experiencias modernas de conjuntos de viviendas populares se demostraron deficientes bajo el perfil, justamente, de la excesiva y rígida separación de funciones que no contribuye a fortalecer los lazos y relaciones de vida de la ciudadanía. Fueron los pasos del rechazo del caos o de la monumentalidad hueca del siglo XIX a la programación racional y funcional de la modernidad, y de ésta al reconocimiento de la enorme importancia del respeto por la multiplicidad de conexiones y correspondencias (incluyendo las contradicciones) de la vida urbana.

En los proyectos diseñados, auspiciados o elaborados en colaboración, por Renée Gailhoustet, como muy bien dice la referencia de Vicente,”se defendió una vivienda colectiva de interés social que apuesta por hacer ciudad mediante la diversidad tipológica y de equipamientos, servicios comunes, espacios públicos y comercios, una planificación de usos mixtos que favoreciera los encuentros, los intercambios y el bienestar. Su arquitectura se caracterizó por la construcción aterrazada, las plantas bajas destinadas a comercios, las viviendas en dúplex con tratamientos de medios niveles, grandes aperturas y ocupación de las azoteas, terrazas jardín” y espacios no convencionales determinados por el uso inteligente de la prefabricación y de los recursos del concreto armado.

Haber afirmado, realizado o contribuido a realizar un programa socio-arquitectónico, de tanta sensatez urbana, a contracorriente de lo que prevalecía en los años 60-70 (y todavía hoy), constituye un logro de enormes enseñanzas, y un ejemplo tangible, visitable, constatable, de las virtudes humanistas y bienhechoras que coinciden para todos cuando se enaltece el entramado de la vida ciudadana.

Toda nuestra admiración por su obra, así como por el talento de Jean Renaudie que con ella trabajó y con ella tuvo dos hijos y un intenso matrimonio. Quienes hoy están trabajando en vivienda colectiva, le deben un vehemente reconocimiento. Estamos todos en deuda con ella; preguntémonos: lo que se está haciendo, desde nuestra voluntad política, nuestra tecnología y nuestra libertad de diseño, ¿es digno de su enseñanza?



La Cité des Etoiles, conjunto de viviendas construido, junto a Jean Renaudie en Givors, Francia entre 1974 y 1981